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Pandilleros asesinaron a un séptimo chofer de un microbús por no atender un boicot que impusieron al transporte público desde el lunes y que continuaba este miércoles, según un reporte policial.

El conductor fue acribillado a balazos cuando se abastecía de combustible en una estación de servicio en la periferia noroeste de San Salvador.

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Con esta víctima suman siete los choferes asesinados en diferentes puntos de San Salvador, luego de que el lunes murieron cinco y otro el domingo.

Los pandilleros mantienen el sabotaje al transporte público para presionar al Gobierno a incluirlos en el Consejo de Seguridad, que preside junto con la sociedad civil en un diálogo que busca soluciones a la violencia criminal que golpea al país.

“En ningún momento nuestro gobierno está dispuesto a dialogar con los criminales, que les quede muy claro, no vamos a negociar y los vamos a perseguir, a capturar para ponerlos ante la justicia”, les respondió el martes el presidente Salvador Sánchez Cerén.

Grupos terroristas

El fiscal Luis Martínez, quien calificó a las pandillas de grupos “terroristas”, pidió el martes “apoyo total” para la Fiscalía e instó a una comisión del Congreso a “revisar” la ley contra el terrorismo para evaluar modificaciones que garanticen su aplicación.

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“No dejaremos impune las muertes de motoristas (choferes), policías, soldados y salvadoreños trabajadores”, sentenció Martínez.

La noche del martes, en la colonia Valle del Sol ---controlada por la pandilla Barrio 18--, 13 kilómetros al norte de San Salvador, la policía detuvo a César Vladimir Montano (el Seilor), acusado de ser uno de los principales cabecillas de ese grupo, de la facción Revolucionarios, que alentó el boicot al transporte público.
El Gobierno se vio obligado ayer a sacar al Ejército a patrullar las calles, utilizando armamento pesado, incluyendo algunas tanquetas.

En tanto, este miércoles, bajo intensa vigilancia de la Policía y el Ejército, miles de salvadoreños se desplazaban en camiones militares y transportes de entidades públicas para llegar a sus centros de trabajo o estudio.

“Da rabia”

Alfonso Villatoro, mecánico de 45 años, ha permanecido unas cuatro horas en la terminal de los buses que cumplen el servicio entre San Salvador y el oriente del país, intentando infructuosamente trasladarse a la ciudad de San Miguel, 138 kilómetros al este de la capital.

“Da rabia, estamos en el tiempo en que hay pobres jodiendo (afectando) a pobres, esos bichos mareros (pandilleros) son pobres como nosotros, pero quieren sentirse que son los dueños de todo, es tiempo que las autoridades hagan algo”, dijo Villatoro con visible molestia.     

La Catedral en San Salvador es punto de partida y llegada de camiones que algunas personas han sacado a las calles para trasladar a los atribulados capitalinos, cobrando un pasaje que oscila entre los 0.50 centavos y los tres dólares.

De esa misma zona parte el transporte gratuito que brindan el Gobierno y la Alcaldía de San Salvador y que es custodiado por policías y soldados.

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