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  •   Ciudad de Guatemala, Guatemala  |
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  • ACAN-EFE

A tan solo un mes de la celebración de los comicios generales, una fecha inamovible en el calendario electoral a pesar de las múltiples críticas, Guatemala deambula entre dos corrientes que nada favorecerían al futuro del país: el voto resignado y la abstención.

La nación centroamericana naufraga en una desoladora e histórica contradicción: vallas publicitarias con los rostros de candidatos a alcaldes, presidentes o vicepresidentes cohabitan en las calles que cada semana acogen manifestaciones de centenares de ciudadanos críticos con un sistema corrupto.

Guatemala sigue en un caos y en una situación de emergencia política y económica, con una crisis de Gobierno casi absurda, que se constituye en una de las más complicadas de la historia de la República y que evidencia que la corrupción es un mal endémico que oscurece el futuro con una capa de negro chapapote.

Todo empezó el pasado 16 de abril con la desarticulación del primer caso de corrupción, y después de casi cuatro meses ya son más de una docena las redes desarticuladas, en las que están involucrados altos funcionarios del Estado.

Este caos es el "amargo" regalo que el presidente, Otto Pérez Molina, ha hecho a los guatemaltecos para conmemorar y celebrar su despedida del Ejecutivo, que se hará efectiva de manera oficial el próximo 14 de enero con la toma de posesión de las siguientes autoridades que regirán el devenir del país durante 4 años.

Pero antes, la ciudadanía tiene una cita importante, aunque considere que los postulantes a conseguir los bastones de mando del país son los mismos de siempre: la misma actitud y predisposición de enriquecimiento a costa de una población cada vez más empobrecida.

Y esta indecisión no será por opciones. Un total de 14 binomios, entre presidentes y vicepresidentes, son las alternativas de las que disponen los electores para los dos mayores cargos del país. Sin embargo, algunas de esas posibilidades son las que generan más disyuntivas sociales.

El candidato a la segunda magistratura del país por el partido Libertad Democrática Renovada (Lider), Edgar Barquín, enfrenta un antejuicio tras ser acusado de lavado de dinero.

El candidato presidencial de la coalición política Creo-Unionista, Roberto González Díaz-Durán, encara otro proceso de igual magnitud pero, en su caso, por tráfico de influencias, ya que según las autoridades trató de influir en un caso judicial para beneficiar a su sobrino.

Zury Ríos Sosa, postulante a la primera magistratura del país por la formación Visión con Valores (VIVA), evoca en la memoria de muchos guatemaltecos el quehacer realizado por su padre, el exdictador José Efraín Ríos Montt, quien enfrenta un nuevo juicio por genocidio, por la muerte durante su régimen de facto, de más de 1.700 indígenas.

Con estas opciones, ancladas en hechos y actitudes ancestrales que arraigan a la nación al pasado sin ánimo de desarrollo, ¿qué pasaría si se aprobará para estas elecciones el voto nulo vinculante? Pues esta es una de las exigencias de varias organizaciones, incluida en la reforma a la Ley Electoral y de Partidos Políticos, propuesta ya en el seno del Congreso, pero que los diputados retrasan con maniobras de una auténtica película de acción.

El Instituto Centroamericano de Estudios para la Democracia Social (DEMOS) fue uno de los que aseguró que sin una reforma "real y efectiva" no se deben realizar las elecciones del próximo 6 de septiembre, cuando 7,7 millones de guatemaltecos elegirán a su presidente y vicepresidente, además de 158 diputados, 20 legisladores al Parlamento Centroamericano y 338 corporaciones municipales.

De no realizar dicha modificación legislativa, la situación actual provocará un aumento del absentismo, como dijo la plataforma Mirador Electoral, un hecho que a pesar de ser una constante en todos los procesos, donde más de la mitad de los votantes no acuden a las urnas, se podría incrementar de forma alarmante en este 2015.

Además existe un peligro a mayores del que muchos han alertado, más bien a escondidas, y es el temor a que ocurra un fraude electoral por financiación ilícita a través de amenazadas e intimidaciones a los votantes.

Esta profecía, que a falta de pruebas fehacientes se queda en eso, en un vaticinio, solo afianza aún más la creencia de ese sector de la población que se muestra convencido de que acudir a las urnas en estas condiciones es una locura inviable.

Toda esta tesitura no ha hecho más que acrecentar un sentimiento ciudadano de incertidumbre y vacilación, que tiene en sus manos el castigo, a través del sufragio, para lograr terminar con esta práctica putrefacta.

¿Hasta cuando Guatemala caminará con los ojos vendados sobre esta cuerda floja que llaman democracia? Aún hay posibilidades de insuflar vida a unas elecciones que marcarán el devenir del país durante los próximos cuatro años, el carisma y la determinación son dos factores claves que ayudarán a calmar una posible hecatombe social.

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