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  • ACAN-EFE

Guatemala pondrá en vigencia a partir del último mes de 2015 una normativa para regular la observación de cetáceos en sus costa del Océano Pacífico, donde es posible avistar, especialmente de diciembre a abril, diferentes animales acuáticos, incluidas ballenas.

"Guatemala es un lugar ideal para la observación de estas impresionantes especies, donde pasan para alimentarse o reproducirse", explicó en una conversación con Acan-Efe el portavoz del Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap), José Pablo Coyoy.

La normativa, denominada Reglamento para la Observación de Cetáceos en Aguas Guatemaltecas en Actividades Turísticas y Recreativas, nace como una medida para garantizar la seguridad de los animales marinos durante los avistamientos.

"Guatemala promueve un enfoque precautorio para la conservación de la diversidad biológica", puntualiza Coyoy, quien advierte que el reglamento permitirá "evitar acciones que afecten negativamente a la sobrevivencia de la vida silvestre".

El Conap, sin registros de incidentes negativos durante la observación de cetáceos hasta la fecha, calcula que son aproximadamente 16 las empresas que prestan el servicio a turistas interesados en lanzarse mar adentro a observar ballenas, delfines, tortugas, aves o medusas, entre otros.

"El número de personas que van en estos viajes cada año es variable, aunque es difícil de definirlo, precisamente porque no estaba regulado", aclara Coyoy.

Las empresas especializadas en el avistamiento de cetáceos ofrecen paquetes especiales que van desde los 80 hasta los 140 dólares para ver ballenas, delfines y otros animales marinos en una embarcación en el Océano Pacífico, unos 100 kilómetros al sur de la Ciudad de Guatemala.

La principal atracción para los turistas que contratan el servicio es ver las ballenas jorobadas, un mamífero que puede medir hasta 16 metros de largo, con enormes aletas pectorales y que según la Asociación de Biología Marina de Guatemala (ABIMA) utiliza la región como "una zona de crianza y reproducción".

Las embarcaciones se incrustan 50 kilómetros mar adentro en busca de las ballenas, que también arriban a la costa del Pacífico por "las características físicas del área" que "favorecen al afloramiento de nutrientes y, por ende, la aglomeración de presas", relata.

La ausencia de una regulación para el turismo especializado de avistamiento de cetáceos dejaba en riesgo la seguridad de la fauna marina del país centroamericano.

Por ello, el reglamento obligará a las empresas que prestan servicios turísticos de observación de cetáceos a inscribirse como agencias operadoras de turismo interno y receptivo y renovar el permiso cada 12 meses.

También les ordena registrarse bajo la categoría de guías de turismo especializado ante el Instituto Guatemalteco de Turismo (Inguat), que en su plan de trabajo 2014-2016 establece la posibilidad de potenciar el sector.

La normativa determina además que, en caso de ver a un cetáceo, las embarcaciones deberán mantener precaución y una distancia mínima de 100 metros, o 150 en caso de que el animal sea pequeño, con el motor en estado neutro.

De ser necesario, el capitán de la embarcación podrá retroceder, siempre y cuando el vehículo no implique un riesgo para el animal.

El Reglamento para la Observación de Cetáceos en Aguas Guatemaltecas en Actividades Turísticas y Recreativas también estipula un máximo de tres embarcaciones simultáneas para el avistamiento de las ballenas, delfines y hasta tortugas marinas.

Las principales amenazas para las especies son "la pesca incidental, los golpes por embarcaciones a alta velocidad, el turismo no regulado, la contaminación de las aguas y el cambio climático", de acuerdo al Conap. Guatemala es miembro desde 2005 de la Comisión Ballenera Internacional (CBI), fundada en 1947, y que aglutina a más de 80 países de todo el mundo.

La iniciativa de este reglamento era buscada desde 2010 por la Fundación Montecarlo y ABIMA, entidades no gubernamentales que junto al Inguat se encargaron de promover el cuidado de los cetáceos en el Pacífico guatemalteco. De acuerdo a ABIMA, en los últimos siete años las distintas administraciones del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación han dejado la conservación de ballenas fuera de sus agendas, pese a convertirse en miembros de la CBI en el año 2005.

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