•   Brasilia, Brasil  |
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  • ACAN-EFE

Unas 35.000 mujeres de zonas rurales de Brasil marcharon el miércoles por la capital para apoyar a la atribulada figura de la presidenta Dilma Rousseff, quien cerró la procesión con un discurso en el estadio mundialista de la ciudad.

"No permitiremos que haya ninguna clase de retroceso en las conquistas sociales y democráticas de nuestro país", dijo entre aplausos Rousseff, una imagen inusual en los últimos tiempos en que la mandataria ha sido objeto de frecuentes abucheos y 'cacerolazos' durante sus apariciones públicas o televisadas.

"Continuaré trabajando para honrar y realizar sus sueños (...) Juntas seguiremos honrando la memoria de Margarita Alves y de todas las Margaritas de Brasil", señaló la presidenta, en memoria de la líder sindical rural que fue brutalmente asesinada en 1983 por defender mejoras en el campo.

Rousseff anunció varias medidas en el plano de la salud para las comunidades rurales, y en particular para las mujeres (evaluaciones preventivas de cáncer de mama, exámenes ginecológicos y programas de vacunas), así como programas para el tratamiento de intoxicaciones por agrotóxicos y algunas líneas crediticias.

La mandataria recibió entregadas muestras de afecto durante el acto, un bien muy escaso en este tiempo en que el gobierno enfrenta una crisis económica severa y está obligado a lidiar con una fuerte tensión política entre aliados y adversarios que tiene por telón de fondo el escándalo del fraude a la estatal Petrobras, que ha costado a la empresa pérdidas de más de 2.000 millones de dólares.

Mientras intenta que el Congreso le apruebe un plan de austeridad, que genera resistencias entre sus propias filas, la popularidad de Rousseff se ha precipitado a un dígito y la ha convertido en la presidenta menos apoyada desde el retorno de la democracia hace tres décadas.

Rousseff también recibió reclamos de las asistentes, mayoritariamente oriundas del nordeste del país, que es una región tradicionalmente afín al gobernante Partido de los Trabajadores (PT, izquierda), para que no abandone las políticas sociales que marcaron los gobiernos de Luiz Inácio Lula da Silva y el suyo.

La manifestación, que se organiza cada cuatro años, es considerada una de las mayores expresiones de feminismo en América Latina y tuvo su origen como reclamo en defensa de los derechos y de las condiciones laborales de las mujeres que trabajan en el campo. Actualmente, también reivindica el uso sostenible de las tierras, las aguas y los bosques.

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