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  • AFP

El devastador huracán "Katrina" se cobró la vida de 1.833 personas y cambió para siempre las de más de un millón, los supervivientes de una catástrofe que diez años después recuerdan con angustia y dolor. Nadie estaba preparado para algo así.

Eso es lo primero que se apresuran a afirmar todas las personas entrevistadas por Efe que vivieron el caos y la desesperación que siguieron a la llegada del "Katrina" a Nueva Orleans, en el estado de Luisiana, en el sur de Estados Unidos, el 29 de agosto de 2005 y a la posterior inundación de la ciudad tras desbordarse los diques.

"Nosotros dejamos nuestra casa y nos refugiamos en la de un amigo en el barrio francés, una zona más alta. Habíamos comprado latas de conserva para quedarnos allí, pero cuando vimos que cortaban el agua supimos que la cosa se ponía muy fea y comenzamos a buscar una manera de salir de la ciudad", relata por teléfono a Efe desde Nueva Orleans José Torres-Tama.

Este artista ecuatoriano, que se crió en Nueva York y lleva más de 30 años en "The big easy", como se conoce a Nueva Orleans, fue una de las decenas de miles de personas que no huyeron el día 28, bien porque creyeron estar más seguras en la ciudad o por no tener vehículo propio en un momento en el que los de alquiler se agotaron inmediatamente y el transporte público no supo responder a las necesidades.

"Nos enteramos de que iban a venir unos autobuses privados a buscar turistas a los hoteles y nos fuimos para allá a intentarlo. Al final, esos autobuses nunca llegaron pero logramos irnos en uno 'pirata' que nos dejó en el aeropuerto de Baton Rouge", la capital de Luisiana, explica Torres-Tama.

Otras decenas de miles de personas quedaron atrapadas durante días en una Nueva Orleans arrasada, inundada y en el caos, donde a pocas calles de donde flotaban cadáveres en el agua se sucedían los saqueos y la violencia ante el vacío de poder y control en la ciudad.

La barcelonesa Lourdes Muñoz Santamaría, diputada socialista en el Congreso de España, vivió en carne propia los días más duros de la catástrofe y fue una de las decenas de miles de personas que terminaron conviviendo en pésimas condiciones y durante días en unos refugios que quedaron totalmente desbordados.

"En teoría íbamos al refugio para que nos repartieran en autobuses y nos evacuaran, pero terminamos quedándonos allí varios días. Fuimos los primeros en llegar al que se instaló en el Centro de Convenciones y enseguida nos juntamos allí más de 10.000 personas", cuenta Muñoz a Efe por teléfono desde Barcelona.

"No había seguridad, ni organización, ni teníamos donde dormir ni donde ir al baño. Faltaban agua y comida. Había bebés, enfermos y gente mayor totalmente desatendida. Lo único que funcionó allí fue la autoorganización de la gente para recoger la basura y distribuir el agua", recuerda.

La política española, que estaba de vacaciones en Estados Unidos con su marido y el hijo de él, tenía que haber regresado a España el día 28 pero todos los vuelos quedaron cancelados y les fue imposible, como a tantas otras personas, huir por carretera.

"Realmente no sabías que hacer. Muchos de los que murieron quedaron atrapados en las autopistas. Y menos mal que no fuimos al 'Superdome', el estadio y primer gran refugio que se habilitó el día antes del 'Katrina'.

Allí se vivieron situaciones terribles, con inundaciones, acumulación de basuras, inseguridad", relata.

Los días posteriores al huracán también fueron muy duros para los que lograron escapar de la ciudad la víspera.

La hondureña Rosa Piñeda Pagán, que tenía entonces 75 años, pudo huir en coche con un familiar, pero tuvo que salir sin mirar atrás de una casa a la que nunca pudo volver.

"Lo primero que me dijo mi abuelita es 'vete a mi casa a por mis zapatos y mi ropa'. Pero poco pudimos salvar cuando fuimos semanas después de la catástrofe: la casa estaba inundada e inhabitable, y todo lo que había dentro estaba cubierto por una espesa capa de moho", cuenta a Efe desde Nueva Orleans Jennifer Pagán.

Su abuela, parte de los más de un millón de desplazados que dejó la catástrofe, tuvo que pasar más de un mes en la casa de una familia de Baton Rouge con la que sus parientes contactaron a través de una iglesia.

Rosa Piñeda, como la gran mayoría de sus vecinos, nunca pudo volver a su barrio y, según relata su nieta, el poso de la catástrofe y la vida suburbana fuera de su querida Nueva Orleans, donde iba a todos lados con su bicicleta, le fue mermando la salud hasta que falleció.

"Algunas de las poblaciones más densas quedaron inundadas completamente, no había un lugar donde volver para muchas personas. Tendrían que haber ido a otros barrios, más caros, y por eso, muchos de los desplazados decidieron que, abocados a empezar de cero de todos modos, era más fácil quedarse en los lugares a donde se les evacuó", explica a Efe Laura Lein, profesora especializada en el estudio de hogares pobres de la Universidad de Michigan.

"Hubo desplazados por todo el país, muchos se fueron primero a estados vecinos como Texas pero terminaron reconstruyendo su vida en otros lugares de la nación donde tenían familiares o amigos", añade.

El "Katrina", la catástrofe natural más costosa de la historia del país y el peor huracán en casi un siglo, obligó no solo a reconstruir la emblemática Nueva Orleans sino que forzó a decenas de miles de personas a empezar una nueva vida sin haber tenido siquiera tiempo de decir adiós a la anterior.

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