Acan- Efe
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Con el rostro cansado pero intentando mantener la compostura, el expresidente de Guatemala Otto Pérez Molina compareció ayer frente a un juez por segundo día consecutivo, acusado de corrupción.

El general retirado de 64 años, que dimitió en la madrugada del 3 de septiembre, señalado de dirigir una millonaria estructura de corrupción, trató de mantener el semblante incluso minutos después de que el Juzgado B de Mayor Impacto decidiera enviarlo a prisión provisional hasta el próximo martes.   

“Estoy muy triste”, dijo Pérez Molina escuetamente al final de la audiencia, pese a advertirle a docenas de periodistas que por recomendación de sus abogados no se pronunciaría sobre el caso.

El exgobernante repitió ayer su misma rutina del jueves y saludó con la mano a guardias, oficiales del juzgado y hasta la Fiscalía, compuesta por abogados del Ministerio Público, además de juristas de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (Cicig).

15 CÁMARAS

“Dormí poco, pero mejor que el miércoles”, aseguró el mandatario, a quien el MP y la Cicig acusan de comandar una red de corrupción.   

Con más de 15 cámaras de vídeo siguiendo cada uno de sus gestos, Pérez Molina se mantuvo tranquilo en la audiencia junto a sus abogados César Calderón y Moisés Galindo, defensores también del exgeneral retirado acusado de genocidio, Efraín Ríos Montt.   

La sala del juzgado, situada en el piso 14 del edificio, recibió a más de medio centenar de periodistas guatemaltecos y extranjeros, quienes junto a unos 30 guardias del Sistema Penitenciario y agentes de seguridad del organismo escucharon la primera declaración de Pérez Molina.

 

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