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Colombia transita hacia el fin de la “larga noche” de muerte y violencia que marcó las últimas cinco décadas de su historia, luego de un pacto de justicia con la principal guerrilla activa, que analistas consideran clave para superar el conflicto armado.

El apretón de manos entre el presidente Juan Manuel Santos, adalid de la paz desde su llegada al poder en 2010, y el jefe máximo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC, comunistas), Timochenko, otro convencido de la necesidad de dialogar, marcó un hito el miércoles en las pláticas que se desarrollan en La Habana desde noviembre de 2012.

Según expertos, el gesto mostró que se acerca el fin de combates fratricidas que han dejado unos 220,000 muertos y más de seis millones de desplazados, así como miles de desaparecidos y secuestrados.

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“Le estamos dando vuelta a la página al conflicto”, dijo a la AFP Jorge Restrepo, director del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (Cerac), al comentar el histórico pacto sobre justicia, que contempla la creación de un tribunal especial para los responsables de graves violaciones a los derechos humanos en el marco del conflicto armado, pero también prevé amnistías e indultos para delitos políticos y conexos.

Baja violencia

 Restrepo señaló que “hay una fórmula para resolver las necesidades de justicia de las víctimas y de quienes buscan una reparación de las FARC y de los miembros del Estado”, y destacó el cese de la violencia en el país, que en los últimos dos meses bajó a niveles no observados en 40 años.

“El componente militar del conflicto armado con las FARC se detuvo”, dijo el Cerac en un informe esta semana sobre la tregua unilateral que inició esa guerrilla el 20 de julio, y que fue seguida por una suspensión de bombardeos contra los insurgentes ordenada por el Gobierno.

Optimista, Ariel Ávila, de la Fundación Paz y Reconciliación, apuntó que el modelo de justicia transicional acordado es “el 60% del acuerdo final”. Prudente, advirtió también que “no todo está resuelto”.

“Es como pasar la etapa de montaña en el Tour de Francia y empezar el descenso. Superamos lo más difícil, pero no se ha acabado”, dijo.
Las FARC, nacidas de una insurrección campesina en 1964, son la principal y más antigua guerrilla de Colombia, con unos 7,000 combatientes, según cifras oficiales.

“Aún no es la paz”

Santos y Timochenko se comprometieron a firmar antes del 23 de marzo de 2016 un acuerdo definitivo de paz, para lo cual falta aún consensuar el cese al fuego bilateral, la dejación de las armas y los mecanismos de implementación, verificación y refrendación del acuerdo final por parte de los colombianos.

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Concretar la paz con las FARC, sin embargo, no acabará totalmente con el conflicto armado colombiano, en el que además han participado otras guerrillas, paramilitares y agentes del Estado, y cuyo accionar ha estado permeado por bandas narcotraficantes.

“Aún no es la paz”, subrayó Christian Voelker, analista del International Crisis Group (ICG), para quien un fin del conflicto implica concretar una negociación formal con el Ejército de Liberación Nacional (ELN, guevarista), segunda guerrilla de Colombia y con la que Santos inició hace más de un año diálogos exploratorios de paz, sin éxito hasta ahora.

Problema pendiente

El ELN, fundado en 1964 e inspirado en la Teología de la Liberación y la Revolución cubana, es la única de las cuatro principales guerrillas de Colombia que aún no avanza negociaciones formales con el Gobierno.

El M-19 firmó la paz en 1990, el Ejército Popular de Liberación (EPL) lo hizo en 1991 y las FARC se espera que lo hagan el próximo año.

Pero el conflicto tampoco se acaba al consumar al “tren de la paz” al ELN. Para algunos, a pesar de la masiva desmovilización de paramilitares promovida por el Estado entre 2003 y 2006, éstos siguen activos, en forma de bandas criminales.

Es “un problema pendiente”, aseveró Voelkel, quien sin embargo celebró “el gran paso” de Colombia en su objetivo hacia la paz.

Desde el miércoles, los portales web del Gobierno anuncian “La paz está cerca” con una imagen de palomas volando sobre la emblemática Plaza de Bolívar de Bogotá. Y las FARC, al recibir a Timochenko en Cuba, dijeron, igualmente en Twitter: “Llegó la paz”.

Ambos parecen haber adoptado el llamado del papa Francisco el domingo pasado en Cuba, para que “la larga noche de dolor y de violencia” en Colombia se transforme en día.

  • El modelo de justicia transicional acordado es “el 60% del acuerdo final”, pero no todo está resuelto, advierte Ariel Ávila, de la Fundación Paz y Reconciliación.

Los impulsores del acuerdo de paz 

PERSONAJES • Juan Manuel Santos, presidente de Colombia desde hace más cinco años, se ha ido imponiendo como el impulsor de la paz en su país, mientras su contraparte, el jefe máximo de las FARC, Timochenko, es el guerrillero que llevó a negociar al grupo insurgente más antiguo del continente.

Cuando era ministro de Defensa (2006-2009), Santos lideró la más fuerte ofensiva lanzada contra ese grupo insurgente, fundado en 1964 y que cuenta con unos 7,000 combatientes, según cifras oficiales.

Pero una vez elegido en 2010 y reelegido en 2014, este dirigente de centro-derecha, moderado y de temperamento reposado, se ha ido poco a poco consolidando como acérrimo defensor de la paz.

Simbólicamente, incluso, viste cada día una pequeña paloma de la paz en su chaqueta, un prendedor metálico que suele ofrecer a quienes lo visiten y que se ha vuelto marca registrada de su gobierno.

Por su lado, Rodrigo Londoño, conocido por sus nombres de guerra Timoleón Jiménez o Timochenko, líder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC, comunistas) desde hace casi cuatro años, ha guiado a los insurgentes en las negociaciones iniciadas con el gobierno colombiano en La Habana en noviembre de 2012.

“Es el hombre que pasará a la historia por llevar a las FARC a un proceso de paz”, dijo a la AFP Ariel Ávila, analista de la Fundación Paz y Reconciliación, especializada en el conflicto armado colombiano.

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