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  • EFE

Una marcha convocada por grupos de izquierdas y gremios profesionales a favor de la paz en Turquía terminó hoy en Ankara en el peor atentado terroristas de la historia moderna del país eurasiático, con al menos 86 muertos y 186 heridos.

Todo indica que dos suicidas detonaron dos bombas en medio de la muchedumbre, que se había reunido cerca de la estación central de trenes de la capital turca.

El primer ministro de Turquía, Ahmet Davutoglu, consideró hoy que "hay muy nítidas indicaciones" en ese sentido, aunque no quiso atribuir la responsabilidad del suceso a una organización.

Las bombas explotaron a las 10.04 hora local (07.04 GMT) y debido el elevado número de heridos graves -28 en total- es probable que el balance final del atentado sea peor todavía.

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Según pudo constatar Efe, que estaba muy cerca de donde se produjeron las explosiones, miles de personas se estaban congregando ante la estación de trenes de la capital turca, el lugar habitual para iniciar manifestaciones en esta ciudad.

En medio de cánticos, bailes y bromas en una soleada mañana de sábado dos potentes explosiones sucesivas desataron el pánico entre los congregados, incluidos numerosos periodistas.

Las detonaciones fueron tan fuertes que hicieron estallar las gruesas ventanas del edificio ferroviario y, en segundos, cientos de personas, entre ellos este corresponsal, quedaban salpicadas por una lluvia de restos de cuerpos humanos.

"Es la peor tragedia terrorista en la historia de Turquía. Después de la explosión estuve cerca del lugar. Nunca en la vida vi una cosa igual. Había brazos, piernas y intestinos por todas partes. La gente acudió por la paz pero vieron la muerte", dijo a Efe Faruk Bildirici, defensor del lector del diario Hürriyet.

Otros lo vivieron más de cerca aún. "Tengo hasta el paquete de tabaco en el bolsillo empapado de sangre", describió a Efe una joven psicóloga que se hallaba en la manifestación.

"Mis amigos de la universidad han muerto. Un amigo mío médico de 30 años ha muerto; anoche aún salimos juntos. Ahora ya no está. Estoy en el hospital esperando turno para donar sangre", explicó por teléfono.

De las dos bombas, una fue detonada en medio de un grupo de ciudadanos sin identificación política, y la otra, cerca de un punto donde ondeaban banderas y pancartas del HDP, el partido de la izquierda kurda, y de varias agrupaciones marxistas.

Nadie ha reivindicado hasta ahora la autoría del atentado, el más sangriento en la historia de Turquía.

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El presidente de Turquía, el islamista Recep Tayyip Erdogan, condenó el atentado, como un "abominable ataque contra la unidad y convivencia", pero agregó que "no se distingue en nada de los actos de terror contra ciudadanos inocentes, funcionarios, policías y soldados", en referencia a las acciones del ilegal Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), la guerrilla kurda.

De igual manera, Davutoglu habló de un "ataque contra toda la nación" y proclamó tres días de luto oficial, dedicados tanto a las víctimas de hoy como a los uniformados fallecidos en ataques del PKK.

El copresidente del HDP Slahattin Demirtas, en cambio, acusó directamente al Gobierno de estar detrás del atentado.

"Esto no es un ataque contra el Estado, contra la nación, sino del Estado contra el pueblo", aseguró el líder kurdo.

Subrayó la similitud del atentado con la bomba colocada en un mitin de ese partido en Diyarbakir, dos días antes de las elecciones del 7 de junio, y con la masacre de Suruç el 20 de julio.

En aquel atentado, un joven yihadista turco probablemente entrenado por el Estado Islámico (EI), mató a 34 personas cuando en una acción suicida en una asamblea de activistas de la izquierda prokurda.

Después de este atentado, el PKK rompió el alto el fuego unilateral que mantenía desde hacía más de dos años.

Pero hoy, la guerrilla anunció que renunciará a todo movimiento, salvo en defensa propia, hasta la fecha de las elecciones en Turquía, el próximo 1 de noviembre, para no obstaculizar unas elecciones justas y equitativas que deban servir, pidió, a la democratización de el país.

El atentado ha abierto aún más el abismo entre el AKP, el partido islamista en el poder desde 2002, y grandes sectores de la izquierda que consideran al Gobierno, y especialmente a Erdogan, responsable de haber arrastrado a Turquía a una espiral de violencia para ganar votos nacionalistas.

"Nos van a matar. El Estado nos va a matar uno por uno", se quejó la psicóloga desde el hospital, sin dudar de que el atentado se había preparado en connivencia con las autoridades.

Pero hay quien se muestra decidido, como Yüksel Eken, un contable jubilado, que estuvo muy cerca de la explosión hoy.

"Fui a la marcha para la paz. Los que hicieron explotar estas bombas deben saber que lo peor que he visto en mi vida no me detendrá de marchar a favor de la paz", dijo.

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