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  • AFP

Una semana antes de que finalice el sínodo sobre la familia, nadie duda de que el papa Francisco, determinado a actualizar la Iglesia, no se dejará intimidar por los conservadores y recomendará una cierta apertura.

Presente en todas las sesiones plenarias en el Vaticano, tomando notas, concentrado, Francisco ha escondido sus cartas para respetar la colegialidad y no dar la impresión de influir en los trabajos.

Pero esta actitud no ha impedido que un pequeño grupo de cardenales conservadores pusieran en duda la metodología del sínodo y denunciaran el poder de los “progresistas” en el comité de redacción final.

El Papa podría avanzar rápidamente solo (sobre los temas que se discuten), pero no quiere. La Iglesia necesita tiempo para cambiar”. Gian Guido Vecchi, experto en temas del  Vaticano.

 

Los conservadores han advertido que se opondrán a cualquier gesto en favor de los divorciados que se han vuelto a casar o hacia las parejas en unión libre y los homosexuales.

Papa en defensa

Al iniciar los trabajos, el Papa se limitó a hacer tres afirmaciones incisivas: la mentalidad del complot debe cesar, no se está poniendo en entredicho la doctrina y el tema de los divorciados que se vuelven a casar es solo uno de los varios temas en el orden del día.

Francisco no ha aclarado si publicará el documento final del sínodo, una forma de lograr que “se hable más” de lo habitual en las reuniones, según el rector del Instituto Católico de París, monseñor Philippe Bordeyne, nombrado experto por el Papa.

“Algunos prelados habrían querido que dijera qué va a hacer (...), pero creo que no quiere pronunciarse antes de saber cuál es el fruto de los trabajos”, dijo Bordeyne a la AFP.

Pese a las fuertes divergencias, el Papa argentino espera avances al término de esta reunión entre cinco continentes, que se abrió el 5 de octubre.

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