•   Skala Sikamineas, Grecia  |
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  • AFP

"Tenemos miedo de salir al mar, de atrapar en nuestras redes cuerpos de niños o de toparnos con traficantes armados", confiesa Christos Dimos, quien como los otros pescadores de la isla griega de Lesbos está en el corazón de la crisis migratoria.

Según las cifras de ACNUR, más de 752.000 personas llegaron por mar este año a la UE -incluyendo más de 608.000 a Grecia y 140.200 a Italia- y 3.400 personas han muerto ahogadas o han desaparecido en el mar en lo que va de año.

Estas llegadas masivas han cambiado la vida cotidiana de los pescadores de Lesbos, la principal puerta de entrada de los migrantes a la Unión Europea (UE).

Cuando vencen su temor y salen al mar, los pescadores recogen a diario restos de barcos hundidos o encallados.

"Los pedazos de madera y de plástico de los barcos estropean nuestras redes. Pero, por sobre todas las cosas, no logramos pagar la gasolina. Salimos poco y vendemos poco, es un círculo vicioso", explica Christos, quien ha vivido toda su vida en el pequeño puerto de Molyvos, en el norte de la isla.

Nikos Katakouzinos, pescador del pueblo vecino de Skala Sykamineas, está preocupado por las consecuencias ecológicas a más largo plazo.

"La gasolina, el aceite, los pedazos de plástico se hunden en las profundidades del mar y contaminan considerablemente las aguas ricas en peces. Tal vez dentro de un tiempo, habremos matado a toda la fauna marina y tendremos que cambiar de trabajo o mudarnos", lamenta.

Salvar migrantes

No obstante, a la hora de salvar migrantes a punto de ahogarse, los pescadores se olvidan de sus preocupaciones.

"Cuando uno ve hundirse un barco con niños (...) tiene la obligación de actuar", dice Christos. "Nuestra prioridad es salvar a esa gente. Ni nos acordamos de nuestras dificultades económicas", apunta.

El 28 de octubre, frente a Lesbos, el naufragio de un barco de madera dejó 29 muertos, incluyendo 14 niños, al tiempo que se salvaron 274. Lo ocurrido dejó un recuerdo doloroso a los pescadores.

"Nunca vi una tragedia de este porte y el invierno recién está empezando. Mucha gente aún se puede ahogar", dice Christos.

En cambio, el 30 de octubre, lograron salvar a 200 personas que se iban a hundir a pocos metros de Skala Sykamineas.

Nikos estaba en primera línea: "Yo no había salido, había tormenta (...) Pero hacia las siete de la mañana, cuando paseaba por el puerto, vi una embarcación que se estaba hundiendo. Fui sin pensarlo, aunque era arriesgado".

"Logramos trasladar a todo el mundo hasta la orilla. Esa mañana las cosas salieron bien. Estaban todos sanos y salvos", agrega.

"Desgraciadamente, salvar migrantes se ha vuelto una rutina en esta zona", lamenta.

El jueves, la isla de Lesbos fue escenario de manifestaciones contra la política europea de migración. "El Egeo está lleno de cadáveres de migrantes. Europeos asesinos de los pueblos", rezaba una banderola que desplegó un grupo de manifestantes delante del edificio de la alcaldía.

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