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Todavía herida por los atentados yihadistas del pasado enero, París vivió la noche del viernes su peor pesadilla, el gran atentado masivo que temían el Gobierno y las fuerzas de seguridad, que se ha cobrado ya más de un centenar de vidas.

Se había convertido en un lugar común en las conversaciones entre franceses escuchar que el país aún esperaba "su propio 11-S", y, a solo dos semanas de acoger a la mayor parte de jefes de Estado mundiales en la cumbre del cambio climático, un número indeterminado de terroristas han provocado el pánico y el horror en las calles.

De forma casi simultánea, seis ataques golpearon la noche de la capital francesa, con sus bares y terrazas llenas de gente gracias a las suaves temperaturas.

En el este de la ciudad, junto al canal de Saint Martin, dos hombres a cara descubierta, según testimonios recogidos por Efe, abrieron fuego con armas automáticas en torno a las 21.30 (20.30 GMT) sobre los clientes del bar "Petite Cambodge".

"Al principio pensaba que un camión estaba descargando piedras. Luego que podría ser un petardo. Pero el ruido era muy potente y comenzó a alargarse demasiado como para pensar que era algo normal", explicó Leslie Guihard, testigo de uno de los primeros tiroteos.

Después continuaron su trágico recorrido disparando "a quemarropa" contra otros locales de ocio, como el bar "Bonne Biere", dijo a Efe el dueño de un café cercano.

Pocos minutos más tarde, al menos dos hombres (se desconoce aún si se trata de los mismos) irrumpieron gritando "Alá es el más grande" en la sala de conciertos Bataclan, un lugar legendario de la escena musical parisina, y tomaron como rehenes a los espectadores presentes.

  • Poco después de la medianoche, se escucharon varias ráfagas de disparos y detonaciones dentro de la sala, así como gritos.

Los rehenes que habían conseguido salir antes, alrededor de 40, fueron acogidos en un café cercano para prestar declaración ante la policía.

Según las primeras informaciones, al menos 70 personas perdieron la vida en el lugar, no lejos de la sede de la revista satírica "Charlie Hebdo", escenario en enero de la masacre que conmocionó a Francia.

Mientras esto sucedía, tres explosiones sacudieron las inmediaciones del Stade de France, donde se disputaba el encuentro amistoso entre Francia y Alemania.

Testigos relataron a Efe que en torno a las 21.00 (20.00 GMT) y veinte minutos más tarde se escucharon las fuertes detonaciones, que no impidieron que el partido continuase ni provocaron especial inquietud entre el público.

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Esas explosiones dejaron varias víctimas mortales y heridos, y provocaron el cierre del estadio y la evacuación urgente del presidente del país, François Hollande, que asistía al encuentro.

La policía mantuvo cerrado el estadio hasta mucho después de acabado el encuentro, cuando fue filtrando la salida de los espectadores a través de tres puertas.

Algunos de los presentes entonaban la Marsellesa en su salida.

Poco antes de convocar un consejo de ministros extraordinario a medianoche, Hollande compareció ante la nación para anunciar, casi al borde de las lágrimas, el estado de urgencia en todo el país y el cierre de las fronteras.

Las calles de París ya estaban para entonces tomadas por la policía, las líneas de metro clausuradas y los ciudadanos presa de un sentimiento entre el pánico y el estupor.

La pesadilla, esa amenaza nebulosa que muchos mencionaban pero nadie quería creer real, se hizo real en la noche del viernes 13. París acababa de vivir su noche más oscura.

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