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Patricio Marín (1981), nacido en Ocotal, pero criado en Susucayán, tras 15 años de metamorfosis terminó de abrir el capullo revolcando sus dedos en el óleo, creando fórmulas y combinaciones como dictadas por un ser sobrenatural, que él dice es Dios.

Por eso llamó "Eclosión" a su Primera Exposición Itinerante de Pintura, que abrió a los ojos de la ciudadanía ocotaleana la noche del viernes último, con el apoyo de la Comisión Ciudad Segovia y alumnas de su aula. En 2016, se mostrará en Managua y en galerías de Estados Unidos.

Ocho cuadros que señalan la evolución del arte de este pintor neosegoviano y dejan sin palabras al público que se embelesa, tras la develación de uno tras uno.

El realismo, concepto de arte que él aplica, parecen sujetos fotografiados con las mejores cámaras. "Disfrútenlo, que esto es para ustedes", invitó a los asistes a la apertura de la exposición.

PINTOR POR ACCIDENTE

Siendo un joven de 19 años, dejando de andar descalzo, de vestir calzonetas y de usar los juguetes de la niñez y adolescencia, se topó accidentalmente con el maestro de la pintura hondureña Julio Ortega, de Choloma, Cortez, quien le instruyó en las técnicas básicas sobre cómo pintar paisajes.

Reconoce que su principal impulsor para romper la timidez que le impedía salir del "capullo" fue el sacerdote Francisco Robles. "Tu sirves para más", le dijo el religioso. Desde entonces me inicié como un profesional de la pintura", refirió.

Sobre una posible fama que le añada el arte, confesó que quería seguir igual, "como me conoce la gente. Dios me premió con un don especial y me ha permitido desarrollarlo", valoró.

Para recorrer su galería se requiere de una lenta tranquilidad para pincelar con la vista cada uno de los detalles, que parecen asombrosos e increíbles que una mano los haya delineado hacia la realidad.

 

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