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Una semana después de que el Tribunal Supremo de Estados Unidos aceptara analizar la restrictiva ley del aborto de Texas, un estudio reveló que entre 100.000 y 240.000 mujeres de ese estado sureño en edad reproductiva y en su mayoría latina se han autoinducido un aborto alguna vez.

"No tenía dinero para ir a San Antonio o a Corpus Christi. Ni siquiera tenía dinero para cruzar la ciudad (...) Estaba en la ruina", así respondió una mujer de 24 años del Valle del Río Grande cuando los encuestadores le preguntaron por qué había abortado por su cuenta, sin ayuda médica.

El 1,7 % de las mujeres encuestadas reconoció haberse autoinducido el aborto alguna vez y el 4,1 % estaban seguras o casi seguras de que su mejor amiga lo había hecho, según el estudio realizado por la Universidad de Texas y difundido esta semana.

Al extrapolar la muestra a la población femenina en edad reproductiva de Texas, 5.950.000 mujeres, los investigadores concluyeron que un mínimo de 100.000 y un máximo de 240.000 se han autoinducido el aborto el estado sureño.

El método más común para provocarse el aborto, según el estudio, es el consumo del fármaco misoprostol, también conocido como cytotec, aunque otras mujeres reportaron haber "ingerido hierbas, pastillas hormonales o medicinas homeopáticas, golpearse el abdomen o el abuso de alcohol o drogas ilícitas".

Además, el estudio revela que la mayoría de las mujeres que reportaron abortos autoinducidos son latinas -que representan el 40 % de la población de Texas-, de estratos bajos y muchas de ellas residentes en la zona fronteriza con México, alejada de las clínicas abortistas de las grandes ciudades.

Según Ana Rodriguez DeFrates, de Texas Latina Advocacy Network, las "barreras sistemáticas" impuestas al aborto afectan más a las mujeres hispanas, sobre todo por su condición económica.

Agregó, además, que algunas de estas mujeres "encuentran métodos seguros" para autoinducirse el aborto, pero "otras optan por métodos muy peligrosos.

"A medida que se dificulte el acceso a las clínicas en Texas, podemos esperar que más mujeres sientan que no tienen otra opción y se encarguen ellas mismas del asunto (aborto)", afirmó por su parte Daniel Grossman, profesor de Ciencias Reproductivas en la Universidad de California y coautor del estudio.

En Texas rige desde 2013 una estricta ley del aborto que obliga a todas las clínicas a cumplir unos estándares sanitarios y que ha provocado el cierre de más de la mitad de los 41 centros que estaban abiertos cuando entró, entonces, parcialmente en vigor.

Los que la promulgaron defienden que su motivación es únicamente la salud de las mujeres, pero sus detractores solo ven barreras alzadas por legisladores ultraconservadores opuestos por convicción al aborto, que consideran una "industria".

Ahora quedan 19 clínicas abiertas -casi todas en las principales ciudades-, pero diez de ellas tendrán que cerrar cuando la norma se implante por completo. Eso dejaría a un estado de 27 millones de habitantes y casi 700.000 kilómetros cuadrados con tan solo nueve clínicas que practican abortos, concentradas en un pequeño radio.

"Muchas de las mujeres encuestadas reconocen que hubiesen preferido ir a una clínica en lugar de provocarse el aborto por su cuenta. No es una situación ideal", concluyó Grossman.

Aunque el futuro de la restrictiva norma no está claro: tras un largo litigio legal, está ahora en la mesa del Tribunal Supremo de Estados Unidos, que aceptó la semana pasada el caso después de que el Tribunal de Apelaciones del Circuito Quinto -uno de los más conservadores del país- diese la razón a Texas en su afán de implantarla.

No está previsto que los magistrados fallen antes de junio de 2016, pero la decisión podría abrir la puerta a que otros estados reglamenten normativas parecidas a la de Texas, dificultando el acceso al aborto en todo el país.

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