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  • EFE

Al grito de "Fuera Dilma", numerosos ciudadanos vestidos de verde o amarillo en su mayoría recorrieron este domingo algunos de los puntos más emblemáticos del país, portando pancartas que pedían la destitución de la jefe de Estado brasileña.

En la capital del gigante suramericano, Brasilia, unas cinco mil personas, según estimaciones de la Policía, recorrieron la Explanada de los Ministerios hasta llegar frente al Congreso, donde se concentraron para hacer oír sus demandas.

Al final del acto, un reducido grupo de manifestantes prendió fuego a un ataúd de madera que contenía una bandera del gobernante Partido de los Trabajadores (PT).

En la Avenida Atlántica, que recorre la mítica playa de Copacabana de Río de Janeiro, los manifestantes portaban una inmensa bandera "verde-amarelha" con el lema "Impeachment" bordado en ella.

Pese a que los actos de protesta habían sido convocados por grupos sociales ajenos a partidos políticos, como Vem pra Rua o Movimento Brasil Livre, figuras de este ámbito, como el diputado derechista Jair Bolsonaro, también se acercaron para exigir el final del mandato de Rousseff.

Conato de violencia

En la capital fluminense llegó a darse un conato de violencia cuando diversos seguidores del PT, que habían acudido a apoyar al Gobierno, se enfrentaron a los manifestantes, aunque la Policía evitó que se produjera un altercado.

En Sao Paulo dos grandes muñecos hinchables, que parodiaban a una Dilma Rousseff enmascarada cual bandida y al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva vestido de presidiario, hicieron las delicias de los manifestantes, que en este caso, según datos de los grupos convocantes, sumaban decenas de miles.

Las protestas que se produjeron este domingo por todo el país no contaron con el masivo apoyo de las que se produjeron en abril y agosto pasados, cuando millones de personas salieron a las calles para protestar por la corrupción y la crisis económica del país.

Economía  y corrupción

De acuerdo con el estudio, esta percepción se debe a factores como la crisis económica, los casos de corrupción, que han llevado a diversos miembros del PT a prisión, y la actual fragilidad política en el gigante suramericano.

Brasil lleva meses en recesión, con tres trimestres consecutivos de crecimiento negativo y, según las últimas previsiones de los economistas, puede terminar este año con una contracción del 3.5% y el 2016 con una bajada del 2.31%.

Si se confirman estos datos, Brasil encadenará dos años consecutivos de crecimiento negativo por primera vez desde 1948.

A finales de noviembre fue arrestado por orden de la Corte Suprema Delcídio Amaral, jefe del oficialismo en el Senado de Brasil, y en septiembre el extesorero del PT, Joao Vaccari, fue condenado a 15 años y cuatro meses de cárcel; ambos salpicados por el escándalo de corrupción de Petrobras.

Según ha admitido la propia petrolera estatal en sus balances, la red de corrupción operó al menos entre 2004 y 2014, período en que desvió de forma ilegal unos 2,000 millones de dólares, inflando sus valores para luego repartir las diferencias con exdirectores de la compañía y políticos que amparaban el fraude.

Por último, Rousseff afronta en estos momentos un juicio político con miras a su destitución, que comenzó el pasado martes en la Cámara baja, pero que actualmente se encuentra suspendido a la espera de que el próximo miércoles, día 16, la Corte Suprema se pronuncie sobre los procedimientos necesarios para llevarlo a cabo.

Los cargos a los que hace frente Rousseff se fundamentan en una serie de maniobras fiscales que el Gobierno llevó a cabo en 2014 y continuó en 2015 con el fin de maquillar sus cuentas.

Estas maniobras podrían llegar a ser consideradas “delitos de responsabilidad”, una de las causas que la Constitución brasileña contempla como motivo para la destitución de un mandatario. 

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