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El papa Francisco abrió ayer la Puerta Santa de la basílica romana de Santa María la Mayor, en el marco de los actos del Jubileo extraordinario de la misericordia, y en su homilía posterior consideró que “la Iglesia debe extender el perdón a cuantos lo piden”.

Francisco abordó la cuestión del perdón, una palabra a su juicio “poco comprendida por la mentalidad mundana” pero que, al mismo tiempo, “indica el fruto propio y original de la fe cristiana”.

“El que no sabe perdonar no ha conocido todavía la plenitud del amor. Y solo quien ama de verdad es capaz de llegar a perdonar, olvidando la ofensa recibida”, subrayó.

Dijo que María, tras la crucifixión de su hijo, Jesús de Nazaret, se convirtió para los cristianos en “icono de cómo la Iglesia debe extender el perdón a cuantos lo piden”.

“La Madre del perdón enseña que el perdón ofrecido en el Gólgota no conoce límites. No lo puede detener la ley con sus argucias, ni los saberes de este mundo con sus disquisiciones”, refirió.

Sin alternativa

Y añadió: “El perdón de la Iglesia debe tener la misma amplitud que el de Jesús en la Cruz, y el de María a sus pies. No hay alternativa”.
Francisco aseguró que “la fuerza del perdón es el auténtico antídoto contra la tristeza provocada por el rencor y por la venganza”.

“El perdón nos abre a la alegría y a la serenidad porque libera el alma de los pensamientos de muerte, mientras el rencor y la venganza perturban la mente y desgarran el corazón quitándole el reposo y la paz”, catequizó.

Francisco acudió a este templo, una de las cuatro basílicas papales de Roma, para abrir su Puerta Santa, que los peregrinos podrán cruzar durante el período jubilar, hasta el próximo 20 de noviembre, para recibir la indulgencia de sus pecados.

 

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