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Arabia Saudita ejecutó ayer sábado a 47 personas condenadas por “terrorismo”, entre ellas a yihadistas sunitas de Al Qaida y al líder religioso chiita Nimr Baqer al Nimr, una figura de la oposición al régimen.

El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, una potencia chiita cuyas relaciones con Arabia Saudita son tensas, prometió que Riad pagará “un precio elevado” por la muerte del Al Nimr.

El portavoz del ministerio del Interior saudita, Mansur Al Turki, calificó de “irresponsables” las declaraciones de Irán y dijo que su país “no se preocupa por lo que piensan los demás”.

Por su parte Mohammed al Nimr, hermano del líder chiita, advirtió que la ejecución “provocará la ira de los jóvenes” de esta comunidad minoritaria en Arabia Saudita, un país dirigido por la dinastía sunita de los Al Saud.

“Habrá reacciones negativas en el interior del reino y en el extranjero, pero esperamos que sean pacíficas”, declaró por teléfono a la AFP.

“El caso específico del jeque Nimr al Nimr levanta serias inquietudes sobre la libertad de expresión y los derechos civiles y políticos de base, que deben ser respetados en todos los casos". Federica Mogherini, jefa de la diplomacia europea.

Los condenados --45 saudíes, un egipcio y un chadiano-- fueron ejecutados en doce ciudades, precisó el Ministerio del Interior en una declaración oficial. Los ejecutados suelen ser decapitados con un sable.

Según las autoridades fueron condenados por diferentes delitos, en especial por haber abrazado a la ideología radical “takfiri” (término generalmente utilizado para designar a los grupos radicales sunitas), por haberse unido a “organizaciones terroristas” y por haber realizado “complots criminales”.

Nimr al Baqer Nimr, de 56 años, crítico feroz de la dinastía Al Saud, fue el líder de un movimiento de protesta que estalló en 2011 en el este del país, donde vive la mayor parte de la minoría chiita, una comunidad que se siente marginada.

El jefe religioso fue condenado a muerte en octubre de 2014 por “sedición”, “desobediencia al soberano” y “tenencia de armas” por un tribunal de Riad especializado en casos de terrorismo.

Reacciones diversas

La Unión Europea (UE) expresó este sábado sus “serias inquietudes” por su ejecución.

“El caso específico del jeque Nimr al Nimr levanta serias inquietudes sobre la libertad de expresión y los derechos civiles y políticos de base, que deben ser respetados en todos los casos, inclusive en la lucha contra el terrorismo”, declaró la jefa de la diplomacia europea Federica Mogherini.

Philip Luther, director de Amnistía Internacional para Oriente Medio, señaló en una entrevista a la AFP: "Las autoridades saudíes dicen haber realizado estas ejecuciones para preservar la seguridad. Pero la del jeque Nimr Baqer al Nimr sugiere que las utilizan para zanjar cuentas políticas (...) bajo la cubierta de lucha contra el terrorismo”.

Según la ONG de defensa de los derechos humanos, Arabia Saudita es uno de los países que más aplican la pena de muerte en el mundo, junto a China, Irán y Estados Unidos.

Tras esta ejecución, un dirigente del partido chiita Dawa, en el poder en Irak, llamó a tomar medidas de represalia, como el cierre de la embajada saudita en Bagdad (recientemente reabierta) o la ejecución de “terroristas” saudíes detenidos en el país.

Por su parte, el movimiento chiita libanés Hezbolá denunció “un crimen odioso perpetrado sobre la base de falsas acusaciones”.

En cambio, las monarquías sunitas de la región, entre ellas Bahréin y Emiratos Árabes Unidos, saludaron la actitud de Arabia Saudita. No obstante, en el primero de estos países varios jóvenes de la mayoría chiita se concentraron en los suburbios de Manama para protestar contra estas ejecuciones.

“Correrá la sangre”

Entre las personas decapitadas se encuentran también yihadistas sunitas condenados por su implicación en atentados en 2003 y 2004, reivindicados por Al Qaida.

En 2011, las autoridades del país establecieron tribunales especiales para juzgar a decenas de sauditas y extranjeros acusados de pertenecer a Al Qaida y de haber participado en una ola de sangrientos atentados (más de 150 muertos) entre 2003 y 2006.

El 1 de diciembre, la rama de Al Qaida en Yemen amenazó con hacer “correr la sangre” si las autoridades sauditas decidían ejecutar a los yihadistas detenidos.

Se trata de las primeras ejecuciones del año 2016 en este país ultraconservador, que el año pasado ajustició a 153 personas, (87 en 2014, según recuento de la AFP basado en cifras oficiales).

El “terrorismo”, el asesinato, la violación, el robo a mano armada, la apostasía y el tráfico de drogas son susceptibles de la pena capital en Arabia Saudita, un país regido por una versión rigorista de la sharia (ley islámica).

 

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