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Dos años después de la ocupación del Parlamento de Taipéi, los jóvenes militantes confían en obtener escaños en las elecciones de hoy en Taiwán con un programa muy claro: renovar la vida política de la isla y resistir a Pekín.

Al igual que los jóvenes hongkoneses durante la Revolución de los Paraguas, una parte de la juventud taiwanesa comulga con el movimiento de los girasoles, como se conoce a la campaña de ocupación del Parlamento de 2014.

El objetivo era protestar contra un acuerdo de libre comercio con China, que según los manifestantes perjudicaría a la economía taiwanesa, haciéndola vulnerable ante las presiones políticas de Pekín. Pero, en realidad cristalizaba la frustración de la juventud por los salarios bajos, la falta de perspectivas de empleo y el elevado precio de la vivienda. Para muchos jóvenes, estas elecciones legislativas son una ocasión para llevar al hemiciclo el movimiento de los girasoles.

Para los jóvenes es imposible ahorrar, porque los salarios son bajos y los precios al consumo altos”. Tseng Po-yu, candidata a diputada.

“Los movimientos asociativos no pueden tener una influencia política real porque el sistema taiwanés es demasiado cerrado y demasiado conservador”, afirma Tseng Po-yu, portavoz del movimiento de los girasoles que se presenta a los comicios bajo el estandarte de la nueva alianza entre los Verdes y el Partido Social Demócrata.

MINORÍA DESANTENDIDA

Tseng Po-yu, de 24 años, se convertiría en la diputada más joven de la historia del parlamento unicameral taiwanés. Su prioridad es la juventud.

“Para los jóvenes es imposible ahorrar porque los salarios son bajos y los precios al consumo altos, y deben olvidarse de convertirse un día en propietarios, visto el precio del sector inmobiliario”, explica. “Merecemos algo mejor”.

Una frustración similar a la de los jóvenes de Hong Kong, enfurecidos con un proyecto chino de reforma del sistema de designación del Ejecutivo, y con la carestía de la vida.

  • Tras varios años de acercamiento con Pekín, los taiwaneses podrían elegir a una presidenta, Tsai Ing-wen, menos favorable a China que su predecesor.

En noviembre, algunos militantes de los Paraguas salieron electos en las elecciones municipales de Hong Kong, en las que se impusieron las fuerzas favorables a Pekín.

“Los jóvenes son una minoría económica desatendida por las políticas de los gobiernos” de Hong Kong y Taiwán, explica William Niu, politólogo de la universidad de la cultura china de Taipéi. “Su insatisfacción estalla en estos movimientos”, señala.

“Asistimos al despertar de los numerosos jóvenes taiwaneses y hongkoneses que temen la marginación”, dice.

EL RIESGO

Después de ocho años en el poder, el Kuomintang (KMT), pro Pekín, podría perder las elecciones presidenciales y su mayoría en el Parlamento.

El favorito es el Partido Democrático Progresista (DPP), mucho más desconfiado respecto a China, de la que la isla se separó en 1949, aunque nunca declaró formalmente su independencia.

El DPP dice que quiere “mantener el statu quo”, pero los jóvenes militantes son mucho más directos.

Terrence Lin, un exauxiliar de vuelo que participó tanto en el movimiento de los Paraguas como en el de los girasoles, también se presenta a las legislativas.

“Me manifesté porque no me gusta la propaganda china en Hong Kong. Creo que la propaganda china en Taiwán es más sutil, pero muy peligrosa”, explica. “Y si queremos cambiar de verdad las cosas, es necesario ser elegidos” en las urnas.

Para Chang Wu-yuch, experto sobre China en la universidad Tamkang de Taipéi, Pekín sigue de cerca las reivindicaciones de la juventud y cualquier cambio político que pueda producirse en Taiwán. Intenta seducir a los jóvenes con el argumento de las oportunidades laborales en el continente, explica este experto.

 

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