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Los taiwaneses votaron este sábado en unas elecciones presidenciales que llevaron a la jefatura del Estado por primera vez a una mujer y quien podría terminar con ocho años de aproximación a China.

Tsai Ing-wen, una exprofesora universitaria de 59 años sustituirá al actual presidente, Ma Jing-jeou (Kuomintang, KMT), quien puso en marcha una política de acercamiento inédita con Pekín.

Tsai, líder de la principal formación de la oposición, el Partido Democrático Progresista (PDP), debería beneficiarse de la desconfianza de una parte de los electores taiwaneses hacia China y de su frustración con el estancamiento de la economía.

La situación

Las relaciones con Pekín mejoraron desde la llegada al poder en Taiwán de Ma en 2008, alcanzando su momento más alto a finales de noviembre en una reunión histórica en la isla con el presidente chino, Xi Jinping, la primera desde la separación de ambos territorios hace más de 60 años.

Aunque este acercamiento permitió la firma de acuerdos comerciales y un boom turístico en Taiwán, muchos habitantes temen que la isla se vuelva dependiente de Pekín, perdiendo así su identidad y soberanía.

Además, muchos taiwaneses se sienten abandonados por la política, que solo beneficia, a su juicio, a las grandes empresas.

“Taiwán necesita cambios, económicos y políticos”, explica Lee, un elector de 65 años. “El gobierno se apoyó demasiado en China. Eso es perjudicial para nuestra democracia”.

Miedos

Algunos electores temen el resultado de las elecciones. Yang Chin-chun, un comerciante de 78 años de Nuevo Taipéi, bastión del KMT, teme un posible gobierno de Tsai, ya que “si ella no llega a gestionar bien la situación y se recrudecen las tensiones con China, nadie saldrá ganando”.

La líder del Partido Democrático Progresista defiende que Taipéi debe abandonar la dependencia económica de Pekín y asegura que ella escuchará a la opinión pública en lo que respecta a las relaciones bilaterales con China.

Muestra de este pragmatismo, Tsai subrayó que se mantendrá el statu quo actual, diluyendo así el discurso tradicionalmente independentista del PDP.

En 1992, se alcanzó un consenso entre las dos partes que establecía el concepto de “una sola China”, una formulación suficientemente equívoca para poder ser interpretada de manera diferente de un lado y del otro del estrecho de Taiwán.

El objetivo de Tsai es tranquilizar a Pekín, pero también a Estados Unidos, principal aliado de Taipéi, que teme por la estabilidad en la región.

La paz

La candidata a la presidencia sabe que la mayoría de electores quieren también la paz, máxime cuando el PDP nunca ha reconocido ese consenso.

China descartó mantener relaciones con un dirigente que no reconozca que Taiwán forma parte de “una sola China”.

La mayoría de expertos consideran inevitable una cierta degradación de las relaciones entre ambos territorios.

 

 

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