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Centroamericanos se reunieron en las afueras de la Casa Estatal de Boston, en un evento organizado por la organización promigrante Centro Presente, para reprochar las redadas que el gobierno federal está implementando en contra de indocumentados de la región centroamericana.

Saúl Vásquez, un joven de 17 años de San Pedro Pinula, Jalapa, Guatemala, y quien llegó hace dos meses a Estados Unidos, relató a El Nuevo Diario  que tuvo que dejar el lugar que lo vio nacer por temor a ser asesinado. La decisión que tomó para irse a Estados Unidos, dijo, no fue nada fácil, porque atrás dejaba a su familia que corre peligro por el acecho de las pandillas guatemaltecas.

“Yo no quería venirme para los Estados Unidos, pero la violencia que estamos viviendo en el país, me forzó a venirme”, relató el joven quien explicó que en la frontera lo apresaron y le dieron un documento para que se presentara en una corte migratoria para resolver su caso, pero por miedo a ser deportado no se presentó.

“En Guatemala se vive mucho las extorciones, extorsionan a las familias, se les pide monto de dinero donde ellos tienen que estar pagando y si no les das el dinero, los matan. Donde yo vivía es una zona reconocida como “punto rojo”. Acá matan a personas mayores, jóvenes, niños y mujeres embarazadas. Mi padre falleció hace seis años, y prácticamente a mi madre y a mí nos tocó mantener a la familia”, confesó Vásquez, quien dijo que los pandilleros le aumentaron la suma de pago:  “Le dijeron a mi madre que si no pagaba lo que pedían, me iban a matar y por eso tuve que salir”.

No pudo pagar extorsiones

Fátima Monteagudo, de San Vicente (El Salvador), llegó con su hija de 5 años hace año y medio. También entró por un punto ciego para llegar a Estados Unidos. Su esposo, que tiene permiso de trabajo para vivir en el país norteamericano, no pudo continuar pagando las extorsiones que las pandillas de El Salvador le imponían para no tocar a su familia. Por eso, tomó la decisión de traérsela para evitar que las maras le hicieran algo malo por no pagar la “cuota” que les ponen para vivir “tranquilos”.

Llanto de madre

La joven madre describió que desde que salieron de su natal San Vicente no ha podido vivir tranquila por todos los traumas que atrás dejó. Ella tuvo que soportar en la travesía de su viaje para llegar a Estados Unidos: hambre, sol y sed, por el temor en ser descubiertos. Hoy finalmente se siente segura y sin temor que le pase algo malo a ella o a su pequeña hija.

“Me vine con el temor de que le pasara algo malo a mi hermano, quien se quedó en El Salvador. A él lo estaban extorsionando mucho”, explicó sollozante. “Él tenía un pequeño negocio, pero el negocio ya no le daba para pagar las extorsiones. Llamó a varios amigos que viven acá en los Estados Unidos para que le ayudaran, pero no pudieron ayudarle porque acá también la vida está difícil. Hace dos meses lo mataron por no pagar la cuota a los pandilleros”, explicó con lágrimas en sus ojos.

Para el joven hondureño Oscar Danza, de 19 años, quien lleva 8 meses viviendo en Boston, la violencia que se vive en Honduras fue una de las razones principales por las que dejó su país.

“En Honduras vivimos la misma situación de violencia, yo soy hijo único y tuve que venirme porque las amenazas de los pandilleros eran constante. Yo sufría mucho porque miraba a mi madre llorar todo el tiempo, porque no tenía el dinero para pagar para que no me pasara nada, por eso tuve que huir de Honduras. Pero ahora que están deportando a centroamericanos, pues no sé qué hacer. Si me agarran, que me den la oportunidad de irme por mi propia cuenta, pero que no me metan 3 meses presos acá en este país”, dijo resignado.

Por su parte, el nicaragüense Alberto Urbina Suazo, que tiene 5 meses de haber llegado a Estados Unidos, relató que tuvo que salir de Nicaragua por las pocas oportunidades de conseguir trabajo.

“Tenía 2 años de estar sin trabajo, no había ingresos para mantener a la familia. Mi hijo está en la universidad, conseguir trabajo en el gobierno se me hizo imposible, la única opción era emigrar para poder pagar los gastos de la casa y poder pagar los estudios de mi hijo. Me preocupa las deportaciones que se están dando en contra de centroamericanos, porque la situación en Nicaragua no está nada fácil que se diga”, compartió.

 

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