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  • AFP

La selva de Zika, en Uganda, era una pequeña reserva que solo los ornitólogos y científicos conocían. Pero alcanzó una súbita notoriedad desde que el virus epónimo llegó al continente americano, donde está causando estragos.

El virus, transmitido por un mosquito que podría ser el causante de graves malformaciones congénitas, se propaga “de manera explosiva en las Américas”, donde afectará a entre “tres y cuatro millones” de personas este año, alertó la Organización Mundial de la Salud (OMS), que convocó una reunión de emergencia el lunes en Ginebra.

En Uganda misma la alarma es menor. “Hay gente que vive cerca de la selva y como oyeron hablar del virus empiezan a preocuparse”, dice a la AFP Gérald Musika, un exguarda forestal.

El propio Musika oyó mentar al zika por primera vez hace dos semanas, pese a conocer al dedillo cada sendero de esta jungla donde el virus fue identificado en 1947.

Ruth Mirembé, otra residente de la zona, se enteró de la existencia de la enfermedad por Facebook, y asegura que no está preocupada.

La mayoría de los infectados de la zona solo presentaron hasta ahora síntomas ligeros, como erupciones cutáneas, fiebre y en algunos casos ojos enrojecidos. Por eso las autoridades sanitarias mundiales apenas habían registrado esos casos, hasta que un brote de la epidemia en 2007 en la isla indonesia de Yap llamó su atención.

Desde su llegada a Brasil en 2015, el zika fue relacionado con miles de casos de niños nacidos con microcefalia, una malformación incurable y a menudo mortal.

Carter, una ilustre visita

El ministro ugandés de Salud se apresuró a destacar en un comunicado que actualmente no había casos de zika en el país africano y que el brote actual no procedía de África del este.

“No se ha registrado ningún caso en Uganda desde hace varios años y no hay ninguna epidemia” en este país, que en los últimos años se vio confrontado al ébola y al misterioso “síndrome del cabeceo”, que afecta solo a niños, dijo el ministro.

La selva de Zika, también denominada Ziika (“invadido”, en lengua vernácula), se extiende a proximidad de la carretera que lleva al aeropuerto internacional de Entebbe, y se encuentra a apenas unos 25 km de Kampala.

El Instituto de Investigaciones sobre los Virus de Uganda (UVRI) tiene allí su sede y lleva a cabo sus pesquisas en una zona de 12 hectáreas, vedadas al público, que cuenta con más de sesenta tipos de mosquitos.

Los investigadores recuerdan con orgullo que el presidente estadounidense Jimmy Carter (1977-81) visitó el lugar “para observar los pájaros”. La selva despierta actualmente el interés de estudiantes de todo el mundo.

Un virus mutante

Los detalles sobre el descubrimiento del virus se publicaron en 1952 en un artículo de la Royal Society de medicina tropical e higiene, de Gran Bretaña. El informe describe una “zona boscosa denominada Zika”, donde los científicos investigaban las incidencias de la fiebre amarilla en los pequeños macacos Rhesus.

Los primates habían sido colocados en jaulas dentro de una torre metálica de 36 metros que permitía realizar las investigaciones bajo el espeso dosel arbóreo (o canopea), explicó a la AFP un científico del UVRI, Julius Lutwana.

“Se les extrajo muestras de sangre para identificar la fiebre amarilla, y así fue como se dio con el zika”, agregó el investigador, de 36 años.

Casi setenta años pasaron, pero aún no existen vacunas, tratamientos específicos ni métodos de diagnóstico rápido de esta enfermedad.

 

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