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Una masiva multitud de gente semidesnuda y sudorosa podría parecer el paraíso para los mosquitos que transmiten el zika, pero nada, ni siquiera una emergencia sanitaria declarada a nivel internacional, puede detener el carnaval de Rio.

Este fin de semana de carnaval concentra a más de un millón de personas en el abarrotado centro de la ciudad, para la fiesta callejera del Cordao da Bola Preta.

Un agitado baile a ritmo de samba que toca en vivo una banda desde lo alto de un camión que sirve de escenario, mueve en la calle a un caleidoscopio conformado por miles de piratas, vikingos, gatos, conejos, payasos, cavernícolas, faraones, bebés, insectos, mariposas ... es mucha, mucha piel.

Las mujeres con diminutos pantalones y los hombres sin camisa o con camisetas sin mangas, pueden sumar unos dos millones de brazos desnudos y otro tanto de piernas de donde elegir, es un buen menú para cualquier mosquito.

Pese a la preocupación internacional sobre la posible relación, aún no probada, entre el zika y el incremento de bebés con microcefalia o la posibilidad de que la picadura provoque un trastorno neurológico poco frecuente y potencialmente mortal, el temor parecía ser tan mínimo como la ropa.

"No tengo miedo", dice Cristiane Ruiz, de 30 años, con pantalones cortos de mezclilla y la parte superior de un bikini de color naranja que cubre muy poco.

"No creo que una zona de la ciudad como ésta sea buena para los mosquitos, porque no hay mucha vegetación" apunta mientras observa a su alrededor los altos edificios y las calles bordeadas por palmeras.

Al igual que muchos de los entrevistados por la AFP, esta mujer dice que no se ha molestado con cargar un repelente de insectos. Los ocupados vendedores ofrecen cerveza, agua helada y hasta disfraces a la multitud, pero ninguno parece tener repelente de insectos.

Colombia tiene 22,600 casos, Honduras 4,400

La creencia de que el zika pueda provocar microcefalia - es decir cráneos anormalmente pequeños - en los recién nacidos de madres infectadas, ha impulsado a varios gobiernos a advertir a las mujeres embarazadas que eviten viajar a gran parte de América Latina.

La Organización Mundial de la Salud ha declarado una emergencia, aunque sin confirmar todavía los temores de que el virus también pueda ser transmisible a través del semen, la sangre e incluso la saliva.

Colombia, el segundo país más afectado después de Brasil, registra hasta este sábado más de 22.600 infectados por el virus zika, 2.800 de ellos embarazadas.

El viernes, Colombia confirmó las tres primeras muertes asociadas al zika.

"Los casos del síndrome de Guillain-Barré (SGB) frente al número de casos que se tenían anteriormente (experimentaron) un incremento del 66%", dijo el presidente colombiano Juan Manuel Santos este sábado.

En Honduras, miles de personas provistas de elementos de limpieza recorrieron este sábado ciudades y pueblos en una movilización nacional para eliminar criaderos del mosquito que transmite el zika, virus que ha enfermado a más de 4.400 personas en el país centroamericano.

"Las estadísticas son claras: cada día aumenta el número de casos de esta terrible enfermedad", dijo el presidente Juan Orlando Hernández al inaugurar la campaña.

Los mosquitos pican a los pobres

En el epicentro del zika, Brasil está luchando contra los mosquitos de forma simultánea a sus insistencias en que los turistas no enfrentan un peligro real, ya sea durante el Carnaval o cuando vengan a Río en seis meses para los Juegos Olímpicos.

Las autoridades dicen que están erradicando el agua estancada donde se reproducen los mosquitos, fumigando estadios y aconsejan a los atletas y aficionados a usar ropa de manga larga, cerrar ventanas y aplicarse repelente.

Pero en la fiesta callejera en el centro de Río - sólo una de las múltiples que tienen lugar a lo largo de la ciudad este sábado- Luiz Marinho, de 51 años, expresa convencido que la guerra contra los mosquitos no se extiende a los barrios menos glamorosos.

"Aquí, en el centro el alcalde hace todo lo necesario. Es perfecto. No hay agua por aquí, no hay basura. Habrá basura después de esta fiesta, pero es asfalto y sólo con accionar la manguera podrán dejar limpio el lugar", dice Marinho, que trabaja en un hospital público y lleva un chaleco de lunares.

En las favelas de Rio, donde los pobres viven apretados en calles estrechas con pocos servicios públicos, "tenemos los verdaderos lugares de reproducción de los mosquitos", agrega. "Tenemos agua estancada alrededor e incluso sin un alcantarillado básico".

"Usted no va a ser picado aquí", interviene alegre su esposa Valeria Marinho, de 43 años, que luce una minifalda con los mismos lunares.

El carnaval, como su mismo nombre lo dice, es una fiesta que da la oportunidad de lanzar una cana al aire. Este año, con el zika, una recesión profunda y un sombrío escándalo de corrupción, la necesidad de desahogarse parece ser mayor.

A pesar del flujo de alcohol, el calor y la multitud, la gran fiesta de Bola Preta no tuvo mayores incidentes. Los informes de televisión señalan apenas un puñado de peleas o intentos de robo. Cuando un hombre fue detenido después de ser perseguido por la policía, los agentes fueron aplaudidos por la multitud.

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