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  • EFE

La elección de un nuevo juez para el Tribunal Supremo de EE.UU., tras la muerte del magistrado Antonin Scalia, amenaza con afilar la lucha entre los aspirantes demócratas y republicanos por la Casa Blanca, y con influir en los últimos meses de mandato del presidente Barack Obama.

"Deberíamos convertir las elecciones de 2016 en un referendo sobre el Tribunal Supremo", amenazó ayer el precandidato republicano Ted Cruz en uno de los populares programas matutinos de los domingos, conocidos como "Sunday shows" y por donde desfilaron casi todos los aspirantes a la Presidencia de EE.UU.

Con la bandera a media asta en todos los edificios oficiales y flores en las escaleras del Tribunal Supremo, la batalla política sobre el nombramiento de un sustituto para Scalia, voz conservadora del alto tribunal, no se hizo esperar y demócratas y republicanos tomaron posiciones para la guerra política.

Propuesta republicana

Precandidatos republicanos, como los senadores Marco Rubio y Ted Cruz, apoyaron ayer la decisión del líder de la mayoría republicana del Senado, Mitch McConnell, de vetar cualquier propuesta de Obama al considerar que el presidente elegido en noviembre debe nombrar al nuevo juez y, por tanto, el puesto debe permanecer vacío 11 meses.

El Tribunal Supremo de EE.UU. debe estar formado por nueve jueces, con cargos vitalicios, y hasta ahora había cinco conservadores y cuatro progresistas, por lo que los republicanos temen que un nuevo nombramiento de Obama —ya designó a dos juezas— incline la balanza a favor de los progresistas.

"La muerte repentina del juez Scalia es un terremoto y seguramente repercutirá en la campaña, con intereses en las dos partes", determinó en su cuenta de Twitter David Axelrod, exjefe de campaña de Obama y director del Instituto de Política de la Universidad de Chicago (Illinois).

Los primeros temblores serán para Obama, que ya dijo ayer que propondrá a un nuevo juez "en el tiempo adecuado".

  • El choque entre republicanos y demócratas para encontrar un sustituto para Scalia también podría
    polarizar más la campaña electoral.

En los próximos meses, el mandatario se juega en el alto tribunal dos piezas claves de su legado: su plan contra el cambio climático para reducir las emisiones de dióxido de carbono de las centrales eléctricas y la regularización temporal de cinco de los once millones de inmigrantes indocumentados que viven en EE.UU.

Bajo la lupa de los jueces está también uno de los casos más controvertidos de los últimos años sobre el aborto, permitido en EE.UU. desde 1973, pero sobre el que han impuesto restricciones estados como Texas, donde se cerraron la mitad de las clínicas por una conflictiva ley promulgada en 2013.

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