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  • EFE

A un mes de la fecha fijada por el Gobierno de Colombia y las FARC para la firma de la paz, el próximo 23 de marzo, nadie se aventura a confirmar que en este plazo se llegue al acuerdo que terminará con 50 años de guerra.

Y es que aunque después de tres años y medio de negociaciones la confrontación armada se ha reducido a niveles históricos, las tensiones, tropiezos y hoscos cruces de declaraciones entre las partes vistas en los últimos días reviven el interrogante: ¿se firmará la paz en el plazo previsto?

El detonante de esta duda fue la visita el pasado jueves de varios delegados de las FARC a la aldea de Conejo, en el municipio de Fonseca, departamento de La Guajira (norte), donde participaron en un acto público acompañados de guerrilleros fuertemente armados.

La escena, interpretada por el Ejecutivo como un ejercicio de "política con armas", disparó las críticas tanto de sectores políticos como del presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, que consideró la situación "inaudita" e "inaceptable".

Cinco días después el malestar sigue vivo y el alto comisionado para la Paz, Sergio Jaramillo, afirmó hoy que es "grave" lo sucedido porque las FARC "mezclaron política y armas".

Como respuesta a la polémica visita, Santos dio una importancia capital al 23 de marzo, fecha que él mismo empezaba a diluir semanas atrás por si los acuerdos no estaban listos para entonces.

"A su regreso a La Habana los señores de las FARC deben concentrarse en lo siguiente: Ya se agotó el tiempo para terminar las negociaciones. La fecha del 23 de marzo, acordada entre el presidente de la República y el comandante de las FARC, está a menos de cinco semanas", avisó el pasado viernes.

Un mes, por lo tanto, como aparente límite para firmar la paz, ya que, a juicio del presidente, si para entonces los asuntos pendientes no están terminados los colombianos entenderán "que las FARC no estaban preparadas para la paz".

Sin embargo, el ministro de Interior, Juan Fernando Cristo, matizó hoy esta sensación al declarar que el día 23 "no puede convertirse en una espada de Damocles para ponerle fin al proceso de paz".

"Hasta el momento tenemos el propósito de cumplir con el acuerdo, ojalá se supere este episodio en las últimas horas para poder reanudar el ciclo y avanzar con el acuerdo final para el 23 de marzo", subrayó Cristo.

Al día de hoy los países garantes del proceso de paz, Cuba y Noruega, trabajan para superar este "impasse", como lo ha definido la guerrilla, a través de una intensa diplomacia en La Habana, sede de los diálogos, donde hoy se reunieron los cancilleres de ambos países.

Su meta es encontrar una "solución" a esta tensión lo más pronto posible, según Santos, para desbloquear los aspectos que faltan por concretar para firmar la paz definitiva.

Esos puntos son definir el alto el fuego bilateral y definitivo, acordar un "número razonable y práctico de las zonas donde se ubicarán las FARC durante el proceso de dejación de armas", fijar "un sistema para la elección de los magistrados del Tribunal Especial" que se encargará de impartir justicia y determinar el mecanismo de refrendación de los acuerdos.

Sin embargo, para hablar de todo esto primero deben regresar a la isla los delegados de las FARC que visitaron Colombia, que son nada menos que el jefe negociador de la guerrilla, "Iván Márquez", alias de Luciano Marín Arango, y "Joaquín Gómez", alias de Milton de Jesús Toncel Redondo, entre otros destacados miembros del Secretariado (mando central de la guerrilla).

No se espera que tales asuntos se aborden sin ellos, por lo que un primer paso será que regresen, si bien este traslado, oficiado por el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), no se producirá hasta que ambas partes así lo acuerden. Y por el momento no hay acuerdo.

Así las cosas, las cuatro semanas que faltan para el 23 de marzo se antojan repletas de incertidumbre y con escasos retazos de información desde La Habana, donde además no hay fecha fijada para que se reanuden las conversaciones.

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