EFE
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El demoledor relato de uno de los policías implicados en la desaparición de cinco jóvenes en el estado mexicano de Veracruz, según el cual fueron quemados, triturados y tirados a un río, ahondó la herida abierta por el caso Iguala debido a la similitud entre ambos sucesos.

Los jóvenes "fueron quemados, posteriormente fueron molidos, seguramente en un molino de caña, y fueron tirados a un pequeño río", dijo ayer a Televisa el subsecretario de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación, Roberto Campa, citando a Rubén Pérez, el octavo policía detenido por este suceso.

IMPUNIDAD

A diferencia de los estudiantes de la escuela para maestros de Ayotzinapa, no son 43 ni han llenado las primeras planas en los medios, pero su historia pone de manifiesto la impunidad que impera en México, que acumula más de 27,000 de desaparecidos en la última década. José Benítez, Mario Arturo Orozco, Alfredo González y Bernardo Benítez, de entre 24 y 27 años, y Susana Tapia, de 16, regresaban el 11 de enero de unas vacaciones en el puerto de Veracruz cuando fueron detenidos por policiales estatales en el municipio de Tierra Blanca, a dos horas de su natal Playa Vicente, en el interior del estado.

El arresto tuvo lugar en una gasolinera, fue captado por cámaras de video ubicadas en esa zona y no tuvo un motivo aparente. Fueron detenidos "simplemente porque (a los agentes) les parecieron sospechosos", señaló Campa.

Según el relato de Pérez, quien presenció lo ocurrido a los jóvenes tras su detención, las cinco víctimas fueron trasladadas a distintos puntos e interrogadas.

Su última parada fue en el rancho El Limón, en el municipio de Tlalixcoyan, donde "los privan de la vida" y da "inicio el proceso de desaparición de los cuerpos", explicó el subsecretario.

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