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  • AFP

A fuerza de jugar a los gladiadores, Donald Trump ha conseguido transformar la arena política de Estados Unidos en un circo: sus adversarios lo acusan de haber liberado los malos instintos y, según los expertos, los golpes bajos van a ir en aumento.

"Espero un fuerte aumento de las tensiones y de la violencia en futuras reuniones políticas", señaló a la AFP Steffen Schmidt, profesor de ciencias políticas de la Universidad de Iowa.

En esta versión 2016 de la larga carrera presidencial estadounidense, que ha levantado no pocos temores entre los observadores, el fin de semana marcó un antes y un después en el deterioro del debate político.

La noche del viernes se produjeron enfrentamientos que llevaron a cancelar un mitín de Trump en Chicago. La mañana del sábado, un hombre trató de saltar al escenario de un acto de campaña del candidato republicano en Ohio, obligando a la intervención de agentes del servicio secreto. Horas más tarde, la policía lanzó gas lacrimógeno contra manifestantes anti-Trump en la ciudad de Kansas.

La campaña parece haberse convertido en una batalla campal, a veces con estallidos racistas que cristalizan en torno a los movimientos del magnate inmobiliario.

Donald Trump amenazó el domingo con enviar sus partidarios a interrumpir las reuniones políticas de su rival demócrata, el socialista Bernie Sanders.

¿Quiere esto decir que los enfrentamientos, los insultos, los guardaespaldas y los bastones policiales serán de ahora en adelante elementos de decoración imprescindibles en la campaña presidencial 2016? Algunos expertos lo temen abiertamente.

"Trump ha encendido un fuego. ¿Puede ser controlado?", se pregunta The Washington Post en un comentario.

Guerra verbal

"Los partidarios de Trump van a ir ahora a los mitines de Sanders para interrumpirlos. Entonces los seguidores de Sanders responderán y no faltarán narices ensangrentadas y huesos fracturados", anticipa el profesor Schmidt.

Con sus diatribas contra Washington, sus insultos a sus rivales —el "enano" Marco Rubio y el "mentiroso" Ted Cruz—, la estigmatización de musulmanes e hispanos, Donald Trump es acusado de fomentar el odio y envalentonar a sus seguidores.

"Su retórica incita a los excesos brutales en sus manifestaciones", denunció el domingo un editorial de The Washington Post.

Thomas DiMassimo, el manifestante que interrumpió a Trump en el mitin de Ohio, manifestó este lunes que buscaba enviar un mensaje contra el racismo y las ideas "de supremacía blanca violenta". Y agregó que considera que "Trump es un matón, y nada más que eso".

La semana pasada, un hombre de 78 años, John McGraw, de repente le pegó a un manifestante negro durante un acto de Trump en Carolina del Norte. "Me encantó cerrar su gran bocota", afirmó el agresor tras el incidente. "La próxima vez, tal vez tengamos que matarlo".

Trump se niega a aceptar cualquier responsabilidad en este asunto y continua asegurando que sus reuniones no son violentas, incluso si él mismo coquetea permanentemente con atravesar los límites.

"Me gustaría darle un puñetazo en la cara", le dijo a un hombre que interrumpió uno de sus discursos.

Trump también ha justificado los excesos de algunos de sus partidarios en nombre de la "cólera" que ellos tendrían derecho a sentir.

No es de extrañar entonces que las giras del candidato se hayan convertido en centros de enfrentamientos entre activistas antirracistas y libertarios, o defensores de los migrantes indocumentados.

El genio escapó

"Trump atrae manifestantes enfurecidos, que no solo son activistas contestatarios de Bernie Sanders, sino marginales y militantes puros y duros que quieren pelea", declaró a la AFP el politólogo Mac McCorkle.

"Es como el genio de la lámpara: creo que los manifestantes continuarán asistiendo a sus actos de campaña, pero ignoro cómo harán para ponerlos de nuevo dentro de la lámpara", añade.

En los mitines, suele ocurrir que Trump sea interrumpido por uno o más retadores que invariablemente son expulsados del lugar.

Pero en Chicago el viernes había miles.

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