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Cuba está lista para recibir la tarde de hoy a Barack Obama, el presidente de Estados Unidos que apostó por la reconciliación de dos países enfrentados por más de cinco décadas y que quiere hacer irreversible ese proceso de deshielo diplomático con esa histórica visita. 

Quince meses después de anunciar del restablecimiento de relaciones con Cuba y pasados ocho desde la reapertura de embajadas, Obama llega a una isla que sigue siendo comunista, aunque en proceso de "actualización" económica y social, y donde EE.UU. ha dejado de ser el "enemigo" para convertirse en un vecino con el que se ha abierto una nueva etapa. 

Viendo a Latinoamérica

La gira que habría sido imposible cuando asumió el poder en 2009 es ahora un histórico viaje a Cuba para afianzar el acercamiento bilateral y una visita a Argentina para impulsar una relación que estuvo llena de tensión durante casi todo su mandato. El mandatario estadounidense llegará este domingo a Cuba y el martes se desplazará a Argentina en un viaje pensado para reforzar su legado hacia Latinoamérica, diez meses antes de que abandone la Casa Blanca.

Será el primer presidente estadounidense en pisar suelo cubano en 88 años y el primero que visita Argentina en 19, algo que según la Casa Blanca demuestra que Obama cumplió su promesa electoral de iniciar una "nueva era de cooperación" con el continente.

Acompañado de su esposa Michelle, sus hijas Sasha y Malia y su suegra, Marian Robinson, Obama llega a La Habana y se dirigirá inmediatamente a la embajada estadounidense, reabierta tras el restablecimiento de las relaciones el pasado julio, para reunirse con el personal diplomático.  A continuación, Obama y su esposa pasearán por La Habana Vieja y visitarán la catedral, donde les recibirá el cardenal Jaime Ortega.

Inimaginable 

Su agenda oficial comenzará el lunes con una visita al monumento a José Martí y una reunión con el presidente cubano, Raúl Castro.

Obama será "muy franco" con Castro "sobre las áreas en las que hay desacuerdo", incluidos "los derechos humanos", según adelantó esta semana su asesor adjunto de seguridad nacional, Ben Rhodes.

La mayoría de los cubanos no podía imaginar hace apenas un año y medio las imágenes que van a poder ver ahora: la del presidente estadounidense aterrizando con su esposa e hijas en el aeropuerto de la capital cubana; paseando en familia por La Habana Vieja o asistiendo a un partido de beisbol en el mítico "Latino". 

Aunque Obama y el presidente Raúl Castro ya se han visto antes en tres ocasiones, el próximo lunes los verán juntos en Cuba, en concreto en el Palacio de la Revolución, ubicado en la emblemática plaza presidida por el monumento al prócer independentista José Martí y la icónica efigie del Che Guevara, escenario de innumerables y largos discursos de Fidel Castro fustigando al imperialismo yanqui. 

El plato fuerte 

Uno de los aspectos fuertes de la visita será la conferencia que Obama pronunciará el martes, día en que acabará su visita, en el Gran Teatro de La Habana dirigida al pueblo cubano y que será retransmitida en vivo por la televisión estatal de la isla. 

La visita de Obama será un acontecimiento trascendental y cargado de simbolismo para sellar una nueva etapa de relaciones que los cubanos valoran en general positivamente, ansiosos de que se traduzca en mejoras en su difícil vida cotidiana y entre expectantes y escépticos sobre lo que pasará con el embargo económico, o el "bloqueo", que ha condicionado la vida de varias generaciones. 

"Todo el pueblo lo va a recibir de brazos abiertos porque es un intercambio para mejorar las asperezas que hemos tenido durante tantos años. El pueblo de Cuba va a poder ser un pueblo mejor y por lo menos vamos a lograr que se vaya eliminando el bloqueo", dice Yanier, un adolescente de 14 años. 

Más escéptico, Yanelis de 30 años opina que hay que esperar "a ver qué pasa": "vamos a esperar al discurso, a ver cómo se pronuncia; nosotros mantenemos nuestra posición", expresó. 

Oposición dividida 

La agenda del visitante contempla un encuentro con un grupo de disidentes y otros activistas cubanos, y aunque la Casa Blanca no ha hecho pública la lista de los invitados, asegura que el gobierno cubano no ha influido en ella.

Por su parte, la disidencia interna de la isla, algunos de cuyos representantes se reunirán con Obama el martes, recibe la visita con división de opiniones ante los efectos de la nueva política de EE.UU. hacia Cuba y entre denuncias de un aumento de la represión y detenciones por motivos políticos en los últimos días.

La Líder de las Damas de Blanco, Berta Soler, denunció que la sede habanera del grupo disidente se encuentra vigilado por agentes de la seguridad del Estado para impedir que salgan a la calle y manifestó que una situación similar está ocurriendo con sus compañeras en provincias como Matanzas o Ciego de Ávila. "Mañana (hoy) habrá que ver qué pasa, si nos dejan ir. Nuestro plan es acudir a la marcha como todos los domingos, pero estamos sentenciadas. Sabemos que vamos a ser detenidas antes de llegar para evitar que marchemos", aseguró Soler sobre la marcha dominical que realizan todas las semanas ante la habanera Iglesia de Santa Rita. 

El líder de la opositora Unión Patriótica de Cuba (Unpacu), cuya acción disidente se concentra en el oriente del país, explicó a Efe que en las últimas horas se han producido más de 200 arrestos de miembros de su grupo, aunque la mayoría solo han estado detenidos unas horas.

Obama también tiene previsto asistir a una conferencia con cubanos que trabajan en el naciente sector privado de la isla y empresarios estadounidenses, y cerrará la jornada con una cena de Estado.

Las expectativas

Aunque es improbable que el viaje produzca grandes resultados a corto plazo, especialmente en lo relativo a los derechos humanos, sí podría "ampliar la cantidad de gente en ambos países que quiere una Cuba más abierta y próspera", según Ted Piccone y Richard Feinberg, dos expertos en Cuba en el centro de estudios Brookings. 

"Obama debería plantear tanto a los estadounidenses como a los cubanos un futuro lo suficientemente atractivo como para persuadir a los jóvenes en la isla de que se queden allí y a la diáspora cubanoestadounidense de que invierta" en el país, argumentaron los dos expertos en un artículo en la página web de Brookings.

"El viaje podría incluso contribuir al levantamiento del embargo, aunque es improbable que haya avances concretos hasta después de las elecciones" presidenciales de noviembre, según declaró a Efe la senadora que lidera el esfuerzo para acabar con las restricciones comerciales en la Cámara Alta, Amy Klobuchar. 

El viaje de Obama se cerrará con un toque ligero en el estadio Latinoamericano de La Habana, donde presenciará un partido amistoso de beisbol, una pasión común de ambos países.

Otros lo intentaron, pero Obama lo logró

Jérôme Cartillier 
Washington

Barack Obama, esperado el domingo en La Habana para una visita histórica, quedará como quien abrió un nuevo capítulo entre Estados Unidos y Cuba. Pero no fue el primero en intentarlo. Durante más de medio siglo, otros hicieron el intento, todos bajo la misma consigna: discreción.

Pese a que unos 160 km separan a ambos países, tras la llegada al poder de Fidel Castro y sus "barbudos" en 1959, Cuba fue siempre un tema políticamente extremadamente sensible en Estados Unidos. Gracias a la ayuda de terceros países (México, España, Brasil, Canadá) e incontables intermediarios (asesores, empresarios, y también periodistas y escritores), los intentos de acercamiento, más o menos ambiciosos, jalonaron la historia de las relaciones cubano-estadounidenses.

En el otoño boreal de 1962, tras la crisis de los misiles soviéticos en la isla, incidente que estuvo a punto de desembocar en un conflicto nuclear mundial, John F. Kennedy exploró la posibilidad de un acercamiento, esperando sacar provecho de la furia de Fidel Castro con la Unión Soviética, que había decidido retirar los misiles sin consultarlo. "Kennedy consideró que podía ser la ocasión para que Cuba saliera de la órbita soviética", dice William LeoGrande, de la American University, y coautor del libro "Back Channel to Cuba", que aborda el asunto. 

JFK entregó personalmente al periodista francés Jean Daniel, en 1963, un mensaje para el "Líder Máximo". El periodista, con la singular misión de "mensajero", se reunió como estaba previsto con el padre de la revolución cubana. "Ambos dirigentes parecían listos para alcanzar la paz", contaría más tarde. Pero el mismo día de la entrevista, el 22 de noviembre de 1963, Kennedy fue asesinado en Dallas, Texas. Todo se desplomó. Lyndon Johnson, que sucedió a JFK en la Casa Blanca, no quiso seguir por ese camino. 

Kissinger y Carter 

A mediados de los años '70, bajo la presidencia de Gerald Ford, el secretario de Estado Henry Kissinger buscó, bajo el mayor secreto, normalizar las relaciones diplomáticas rotas en enero de 1961. Pero la intervención de las fuerzas armadas cubanas en Angola en 1975 para apoyar al Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA, hoy en el poder) echó por tierra la tentativa. Apenas algunas semanas después de su asunción en 1977, Jimmy Carter ordenó el lanzamiento de negociaciones para normalizar los lazos con la isla. Litigios marítimos, de pesca, contactos diplomáticos: durante los primeros meses, las líneas ardían. "Siempre tengo una alta opinión de Carter, un hombre honorable, de ética", expresó Fidel Castro años más tarde. "Carter era un hombre que quería arreglar los problemas entre Estados Unidos y Cuba". Una vez más, no obstante, el intento fracasó por la presencia militar cubana en África. 

Bush y Obama 

Tras el fin de la guerra fría y entrando en el nuevo siglo, el gobierno de George W. Bush mantuvo firme la consigna de ninguna concesión a Cuba sin un cambio de régimen. Pero en la primavera boreal de 2013, Obama autorizó el inicio de discusiones exploratorias con La Habana. La primera reunión tuvo lugar en Canadá en junio. El papa Francisco se propuso personalmente impulsar el acercamiento. En octubre, las delegaciones de ambos países se reunieron en la Santa Sede en presencia de responsables católicos para ultimar los términos de la normalización. El 17 de diciembre de 2014, el anuncio de un acercamiento tomó a todo el mundo por sorpresa. Apenas lo podían creer: en 18 meses de negociaciones ultrasecretas no hubo una sola filtración a la prensa. 

"En los años '60 y '70, en plena guerra fría, (los presidentes estadounidenses) no querían mostrarse débiles ante el comunismo", subrayó LeoGrande. "Es la razón por la cual Johnson no siguió con la iniciativa de Kennedy". A partir de los años '80, la influencia y el peso político de la comunidad cubana de Florida pasó a ser determinante. Los candidatos a la presidencia, particularmente en el campo demócrata, temían que el simple hecho de evocar un acercamiento con Cuba implicara perder la votación en Florida y, por añadidura, de la Casa Blanca.

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