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El presidente estadounidense Barack Obama inició ayer su visita histórica a Cuba, uno de los últimos bastiones del comunismo, y país con el que desea pasar la página de más de cinco décadas de fuerte antagonismo. Obama llegó la tarde de ayer al aeropuerto José Martí, de La Habana, acompañado de su esposa Michelle y sus dos hijas.

Obama es el primer presidente de Estados Unidos en 88 años que pisa la isla. El canciller Bruno Rodríguez lo recibió bajo la lluvia y después salió rumbo a la embajada de EE.UU. en la isla.

El presidente dejó en claro su deseo de encontrar al pueblo cubano, y de paso consolidar la nueva relación con el presidente Raúl Castro, en la senda del espectacular acercamiento iniciado en diciembre de 2014.

La visita servirá también para que Obama refuerce la imagen de un Estados Unidos diferente al que por décadas promovió intervenciones y consideró a América Latina como su patio trasero.

Antes de dejar la presidencia, a inicios de 2017, Obama quiere asegurarse de que sus avances con Cuba no puedan revertirse, sea quien sea su sucesor en la Casa Blanca.

Aperturas pese a embargo 

Aunque no puede anular el embargo económico contra Cuba, vigente desde 1962, pues es una atribución del Congreso que domina actualmente la oposición republicana, Obama ha decretado una serie de medidas de alivio a las restricciones. 

El levantamiento del embargo, que cada año es solicitado por Naciones Unidas, es también la principal demanda de Cuba, que le atribuye buena parte de sus penurias económicas.

Además, las empresas estadounidenses están ávidas por hacer negocios en Cuba. El sábado, la cadena Starwood (Meridien, W, Westin y Sheraton) anunció un acuerdo para abrir dos hoteles de lujo en La Habana antes de fin de año. También el portal Airbnb obtuvo autorización de Estados Unidos para ampliar sus operaciones en Cuba.

Los negocios 

En una comparecencia ante la prensa acreditada para la ocasión, el ministro de Comercio Exterior de la isla, Rodrigo Malmierca, adelantó que líderes empresariales participarán  en un foro de negocios con representantes de empresas estatales, emprendedores y cooperativistas de la isla.

Malmierca se mostró optimista sobre la posibilidad de que la vista de Obama sirva para impulsar acuerdos entre empresas de los dos países, ya que existe un "gran potencial" para ello a pesar del embargo económico sobre la isla, en vigor desde 1962.

El ministro, el único funcionario cubano que se pronunció ayer públicamente sobre la visita de Obama, destacó que los cuatro paquetes de medidas aprobados por el gobierno estadounidense en el último año para aliviar el impacto del "bloqueo" van en "la dirección correcta", aunque cuestionó que la intención declarada de esas medidas sea mejorar la vida del pueblo cubano.

"Yo diría que el principal objetivo de la revolución cubana ha sido trabajar por y para el pueblo. No hay una sola medida aprobada en todos estos años que no haya tenido como objetivo ayudar al pueblo cubano", defendió el ministro, que insistió en que el bloqueo es el principal obstáculo para el desarrollo económico del país y un escollo en la normalización de relaciones con EEUU.

Algo grande 

La llegada de Obama despertaba simpatía entre los fieles.

"Esta tarde estará aquí (ayer). Es algo grande. No pensé nunca que lo vería. Tiene que ayudar a cambiar. Yo soy negro y él es un presidente negro. Me gustaría verlo", comentó a la AFP Ramiro López, un jubilado de 71 años. 

No obstante del lado cubano se asegura que con Obama no habrá debate sobre la situación interna.

"Nadie podría pretender que para avanzar hacia la normalización de relaciones Cuba tenga que renunciar a uno solo de sus principios", enfatizó el canciller Bruno Rodríguez.

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