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  • EFE

La organización no gubernamental Human Rights Watch (HRW) denunció hoy que la inacción del Gobierno de Bangladesh y el clientelismo político hacen que unos 20 millones de personas, sobre todo de zonas rurales, sigan bebiendo agua con altos niveles de arsénico que provocan decenas de miles de muertes al año.

"El arsénico es uno de los venenos más mortíferos. Bangladesh se encuentra en una de las zonas con índices más altos", criticó el investigador de HRW Richard Pearshouse durante la presentación de un informe sobre la materia en Dacca.

"El Gobierno actúa como si la situación estuviera resuelta, pero no lo está", señaló.

Según datos relativos a un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de 2012 mencionado por Pearshouse, unas 43,000 personas fallecen anualmente en Bangladesh debido a dolencias relacionadas con la ingesta de agua contaminada con arsénico como cánceres, enfermedades cardiovasculares o pulmonares.

Cientos de personas mueren por tomar agua contaminada

"Nadie sabe exactamente cuánta gente muere", subrayó el activista, que afirmó que el sistema sanitario de Bangladesh deja sin tratar a la mayoría de la población afectada, pues solo aborda a aquellos casos identificados a partir de lesiones en la piel, un síntoma que la mayoría de pacientes no desarrolla.

Pearshouse explicó que para el informe analizó 125,000 pozos de agua habilitados por las autoridades entre 2006 y 2012, casi la totalidad de nuevas tomas en ese periodo, y en 5.000 el agua tenía niveles de arsénico superiores a 50 microgramos por litro, el estándar nacional aceptado, cinco veces superior al de la OMS.

"No hay duda de dónde se encuentra el arsénico en Bangladesh, pero las áreas más contaminadas reciben el mismo número de pozos profundos que las menos contaminadas", aseguró.

Inversión en pozos es necesaria

Los pozos de gran profundidad, cuyo costo es de unos 1,000 dólares, alcanzan agua de mayor calidad, mientras que los poco profundos cuestan unos 78 dólares y extraen agua de áreas más susceptibles de presentar elevados niveles de arsénico.

Pearshouse denunció asimismo que la asignación de las nuevas tomas se lleva a cabo en función de redes clientelares con "interferencia política", sin que la población más necesitada reciba atención prioritaria, al tiempo que afirmó haber encontrado pozos públicos en viviendas de particulares.

Tras descubrirse a mediados de los 90 la magnitud del problema, los gobiernos de Bangladesh, organizaciones no gubernamentales y comunidad internacional aunaron esfuerzos y entre 1999 y 2006 se inspeccionaron cinco millones de pozos, que fueron marcados en función de su salubridad.

En virtud de esos análisis las autoridades determinaron que unos 20 millones de personas bebían agua contaminada, una cifra que un estudio oficial de 2013 ratificó.

A reemplazar los pozos

"Los pozos contaminados deberían ser reemplazados urgentemente, antes de que la gente pierda la fe en el compromiso del Gobierno de proporcionar agua segura", dijo Pearshouse, que también instó a mover ficha a los principales actores internacionales.

Mientras que Unicef revisó 20.000 pozos instalados por sus equipos y halló que un 8,5 % extraía agua contaminada con arsénico, el Banco Mundial no ha investigado en qué estado se encuentran los 13,000 que financió la pasada década.

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