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  • AFP

El primer ministro británico, David Cameron, reconoció el sábado que no había gestionado adecuadamente la información revelada por los "Panama Papers" sobre su participación en una empresa "offshore" propiedad de su padre, al tiempo que centenares de personas pedían su dimisión frente a Downing Street.

Mientras en la capital de Islandia se preparaba una gran manifestación por sexto día consecutivo por el mismo escándalo, que ya ha provocado la dimisión de su primer ministro, en Londres las voces a favor de la salida de Cameron son mucho menos numerosas.

Ante la verja del 10 de Downing Street, los manifestantes gritaban "Cameron must go", ("Cameron debe marcharse"), tocados con sombreros Panamá y con camisas hawaianas.

Apenas dos kilómetros separaban la residencia del primer ministro del gran hotel donde Cameron habló ante los delegados del partido conservador, congregados para preparar los comicios locales de mayo.

"No ha sido una gran semana", lanzó en referencia al tema que ha amargado su su semana: la revelación de que su padre Ian, fallecido en 2010, había dirigido un fondo de inversión en las Bahamas en el que el propio Cameron había tenido acciones, tal y como acabó admitiendo el jueves por la noche.

Nada ilegal, insistió el primer ministro. Pero han sido necesarios cuatro confusos comunicados emitidos por su gabinete antes de que el primer ministro se decidiera a reconocer que poseía participaciones en esa empresa basada en un paraíso fiscal.

'He aprendido la lección'

"Sé que debería haber gestionado mejor este asunto", dijo en el Congreso. "No culpen a mis consejeros: asumo la culpa. He aprendido la lección".

A continuación, reiteró su promesa de publicar "próximamente" sus declaraciones de impuestos de los últimos años, un gesto inédito por parte de un primer ministro en el país.

Demasiado tarde, según el líder de la oposición laborista Jeremy Corbyn, quien aseguró el viernes por la noche que "el primer ministro ha perdido la confianza de los británicos", sin llegar a pedir su dimisión.

Y es poco decir: Cameron sale de una semana e incluso un mes particularmente aciagos. Antes del escándalo de los "Panama Papers", el premier británico debió lidiar con la crisis del sector siderurgico tras el anuncio de retirada del gigante chino Tata Steel y hacer frente a la acusación de haber sacrificado empleos británicos en el altar de sus buenas relaciones con Pekín.

También debió enfrentarse a las eternas divisiones en el seno de su partido sobre la permanencia en la Unión Europea, que culminaron con la dimisión a mediados de marzo de Iain Duncan Smith, el euroescéptico ministro de Trabajo.

El sábado era momento de cerrar filas antes de las elecciones locales de mayo en torno al referéndum del 23 de junio, pero Cameron, que lucha para convencer a los británicos de que voten a favor de la permanencia, solo hizo una breve alusión.

El viernes, un sondeo YouGov mostró que su popularidad había caído a su nivel más bajo desde julio de 2013 con el 58% de opiniones en contra.

Nueva manifestación en Reikiavik

En Reikiavik, la oposición islandesa probaba el sábado su capacidad de movilización durante una nueva protesta ante el parlamento a partir de las 14H00 GMT.

En esta manifestación, como en las anteriores, no habrá banderas de partido u organizaciones.

Esta movilización histórica ya empujó a la dimisión al primer ministro Sigmundur David Gunnlaugsson, después de que el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) revelara que tenía inversiones en un paraíso fiscal.

Aunque la mayoría conservadora ha decidido mantenerse en el poder nombrando simplemente a un nuevo jefe de gobierno, los manifestantes reclaman nuevas elecciones.

El escándalo de los "Panama Papers" también ha tenido su eco este sábado en Holanda, donde dos diarios locales afirmaron que la la ONG holandesa Solidaridad poseía una red internacional de sociedades pantalla.

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