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La Cámara baja de Brasil prosiguió ayer los debates en una intensa y extenuante sesión continua previa a la decisiva votación de hoy en la que los diputados decidirán si autorizan la apertura de un juicio político contra la presidenta Dilma Rousseff.       

La sesión deliberativa comenzó el viernes, continuó sin interrupción durante todo el sábado y, según las previsiones del legislativo, se prolongará hasta la hora del inicio de la votación, que está programada para el domingo a partir de las 14.00 (17.00GMT).       

A medida que avanzaban, los debates ganaron en teatralidad, la Cámara se fue plagando de banderas, de pancartas y carteles y un diputado opositor, durante la madrugada, incluso disparó papel picado desde la tribuna de oradores en protesta contra Rousseff.       

Los opositores portaron irónicos carteles que decían "chao, querida", en alusión a la manera en la que el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva se despidió de Rousseff durante una conversación telefónica grabada por la policía, por orden judicial, en el marco de la investigación abierta contra el exgobernante.     

La oposición  

Del otro lado, los oficialistas contrarrestaron desplegando una gran pancarta pidiendo la renuncia del presidente de la Cámara delos Diputados, Eduardo Cunha, quien está imputado por diversos delitos asociados a la corrupción y fue el principal impulsor del proceso de destitución contra Rousseff.      

El diputado Silvio Costa, del Partido Laborista de Brasil (PTdoB), afirmó que el principal objetivo del proceso destituyente "no es derribar a Dilma, sino para librar a Eduardo Cunha de la cárcel".       

De ambos lados, hubo llamamientos a los diputados indecisos para tratar de rebañar votos de última hora en la votación de hoy, en la que la oposición necesita reunir a dos tercios del arco parlamentario, 342 de los 513 diputados.      

"A los que se dicen indecisos, cuidado con las urnas. Las urnas eligen, pero también castigan. El pueblo espera un gesto fuerte, valeroso de defensa de la democracia", dijo el opositor Arthur Virgilio Bisneto. El oficialismo y la oposición desplegaron ayer una auténtica guerra de cifras para demostrar que ambos cuentan con el apoyo suficiente para ganar la votación de mañana.    

Pronósticos 

Según los recuentos de los medios locales, la Cámara aprobará el juicio político por un estrecho margen, con el voto favorable de entre 347 y 348 diputados, aunque los opositores elevan esa cuenta hasta los 367 votos y el Gobierno, sin dar cifras exactas, asegura que se impondrá.       

Desde la tribuna de oradores, también hubo partidos minoritarios que defendieron la celebración de elecciones anticipadas para resolver la crisis, aunque esa posibilidad no está contemplada por la Constitución. La sesión programada para el viernes, en la que el turno de palabra correspondía a los jefes de los partidos, solo concluyó a las 18.58 de ayer, con casi ocho horas de atraso y dio paso al comienzo de la sesión del sábado, en la que cerca de dos centenares de diputados tomaron la palabra a título individual, cada uno con un tiempo de tres minutos. Para evitar nuevos atrasos y garantizar que la votación empezará en la tarde del domingo, cerca de 60 diputados opositores, del total de 249 inicialmente inscritos, aceptaron renunciar a su turno de palabra. La votación será nominal y se realizará siguiendo un determinado orden alternativo de los 27 estados que componen el país, aunque si un diputado se ausenta en el momento de su voto, podrá ser llamado de nuevo a lo largo de la sesión. Si la Cámara baja aprueba el proceso, pasará al Senado, que para admitirlo a trámite necesitará una votación por mayoría simple, que daría paso al alejamiento temporal de Rousseff del cargo durante los 180 días que llevará culminar el proceso.

Tensión en las calles 

RÍO DE JANEIRO/EFE. Miles de personas salieron ayer a las calles por todo Brasil para manifestar su apoyo o su descontento hacía el gobierno de Dilma Rousseff, quien en estos momentos afronta un proceso con miras a su destitución.

Pese a que está previsto que las grandes manifestaciones tengan lugar hoy domingo, día en que se votará en la Cámara de los Diputados si el proceso contra la mandataria avanza al Senado, numerosos brasileños aprovecharon el sábado para expresar su opinión en las calles.

En la capital del país, Brasilia, un pequeño grupo de manifestantes a favor del "impeachment" (proceso de destitución) se concentró frente al hotel donde se aloja el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva y vivieron momentos de tensión con la comitiva del padrino de Rousseff. A la llegada de Lula al hotel, después de participar en un acto con movimientos sociales, los manifestantes cercaron los automóviles y un miembro de la comitiva de Lula salió de uno de los coches y propinó dos puñetazos a sendos manifestantes, antes de volver a subirse en el vehículo.

Según medios locales, horas antes de ese incidente hubo un conato de enfrentamiento entre manifestantes de ambos bandos en el mismo lugar, pero la Policía impidió que los altercados llegasen a mayores.

Cerca de 3,000 integrantes de movimientos sociales favorables a Rousseff están acampados desde hace varios días en Brasilia a la espera de la gran manifestación de hoy, domingo.

En Sao Paulo, la mayor ciudad del país, un grupo de motoristas, mayoritariamente vestido con los colores verde y amarillo de la bandera brasileña y tocando el claxon, recorrió la céntrica Avenida Paulista para mostrar su apoyo al proceso de destitución.

Los opositores a este proceso improvisaron un partido de futbol en la plaza Largo da Batata, en la zona oeste de la ciudad.

En la céntrica plaza de Cinelandia de Río de Janeiro, comenzó a primera hora de la tarde un acto bajo el lema "carnaval por la democracia", en el que cientos de personas mostraron su oposición a lo que consideran un golpe de Estado encubierto al Ejecutivo de Rousseff por parte de la oposición.

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