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La mandataria brasileña Dilma Rousseff denunció que la oposición intenta desestabilizarla desde su reelección en 2014 y calificó de "gravísima aventura golpista" al gobierno que prepara su vicepresidente en caso de que sea destituida por el Senado.

El mandato de Rousseff, una de las figuras centrales del proyecto izquierdista iniciado por Lula en 2003, pende de un delgado hilo luego de que la Cámara de Diputados aprobara el domingo abrir un proceso de impeachment en su contra, asestando una dramática derrota al oficialismo.

El Senado recibió este lunes la documentación del proceso remitida por la Cámara de Diputados, deberá instalar esta semana una comisión de 21 miembros que analizará el caso y preparará un informe que luego será llevado al pleno de la cámara. En caso de que el pleno respalde la apertura del juicio político, Rousseff deberá separarse del cargo mientras dure el proceso y será  reemplazada temporalmente por el vicepresidente Michel Temer, que en caso de su destitución completará el mandato que vence el 1 de enero de 2019.

Aventura golpista

"Mi segundo mandato, del que van 15 meses, tiene el signo de la desestabilización política (...) Es gravísima la aventura golpista, porque llevó a una situación de rabia, de odio, de persecución", señaló ante corresponsales extranjeros.

La primera mujer en presidir Brasil denuncia que es víctima de un complot que no la dejó gobernar tras ganar por apenas 3,2% un segundo período y afirmó que los cargos de que manipuló las cuentas públicas son "un fraude político".

"Esto no es un proceso de impeachment, sino un intento de elección indirecta por parte de un grupo que de otro modo no tendría las condiciones de hacerse elegir (...) Esto no traerá estabilidad política al país. ¿Por qué no trae estabilidad política al país? Porque rompe la base de la democracia", afirmó Rousseff.

En su presentación, Rousseff repasó la saga política que la dejó contra las cuerdas, partiendo desde cuando la oposición pidió recontar los votos tras la elección, hasta la seguidilla de derrotas que sufrió su programa de gobierno en el Congreso el año pasado, todas iniciativas que, según dijo, buscaban sacar a Brasil de la recesión económica.

Destacó que no existe ninguna investigación por corrupción en su contra, en momentos en que muchos políticos son salpicados por el escándalo de corrupción en la estatal Petrobras.

La conspiración 

Si el Senado ratifica la decisión de los diputados, Rousseff perderá transitoriamente la presidencia a la espera de una sentencia definitiva, y será reemplazada por el vicepresidente Michel Temer, del centrista PMDB. Esa sesión está prevista en torno al 11 de mayo.

Señalado por Rousseff como uno de los capitanes de la "conspiración" que busca terminar el ciclo del Partido de los Trabajadores (PT, izquierda) en el poder, Temer es un abogado de perfil bajo más afecto a moverse ente bastidores que en el centro de la escena.

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Este martes, el vice dijo que esperaba "silenciosa y respetuosamente" la decisión del Senado que podría soltar en su mano la jefatura de Estado de una de las mayores economías del planeta.

Rousseff indicó que Temer y sus asesores "están vendiendo un terreno en la luna" al difundir detalles de su eventual programa de gobierno.

La prensa brasileña de este martes destacó incluso que Temer ya estaría armando su gabinete.

La presidenta no ahorró dardos contra el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, del mismo partido que Temer, a quien responsabiliza de haber aceptado el pedido de juicio de destitución por "explícita venganza" luego de que el PT decidiera apoyar una investigación en su contra en el Comité de Ética de esa casa.

Cunha se erigió en la punta de lanza de la oposición y el lunes llevó personalmente al Senado la decisión de la cámara contra Rousseff. Durante el acto, buscó presionar al Senado para que avance con rapidez porque en estos momentos Brasil solo tiene "medio gobierno".

"Luché contra la dictadura y ahora lucho en democracia", dijo la mandataria, para quien Brasil "tiene un viejo golpista dormido" desde hace décadas.

La dinámica política parece estar en contra del gobierno, que el domingo fue derrotado categóricamente en la votación que debía aceptar la acusación y pasarla al Senado o archivarla definitivamente. El resultado excedió largamente el mínimo necesario y terminó 367 a 132.

Ahora el Senado toma la palabra, y según los sondeos de la prensa brasileña, la oposición ya tiene los votos para sacarla del poder y someterla a juicio.

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