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Un fuerte temblor sacudió a Ecuador ayer, miércoles, cuatro días después del terremoto de 7.8 grados que ha provocado hasta ahora 525 muertos y unos 1,700 desaparecidos, causando alarma entre socorristas y sobrevivientes, pero sin que se reporten por los momentos nuevos daños.

El nuevo sismo tuvo una magnitud de 6.1 según el Instituto de Estudios Geológicos de Estados Unidos, pero en lo inmediato no se registraron nuevos daños, de acuerdo con un equipo de AFP.

Su epicentro estuvo a una profundidad de 15.7 kilómetros y se ubicó a 25 km de Muisne y a 73 km de Propicia, poblados de la ya muy afectada costa ecuatoriana sobre el Pacífico. Las autoridades no activaron la alerta de tsunami.

"Son réplicas. Tuvimos dos sismos en la madrugada, uno a las 03H33  y otro a las 03H35 , de 6.1 y 6.3 grados", explicó a la AFP Mario Ruiz, director del Instituto Geofísico de Ecuador.

"Son de un tamaño muy parecido al del sismo del día domingo", que fue de 6.1, indicó Ruiz, al apuntar que hasta el momento se han registrado 535 réplicas. Según Unicef, unos 150,000 niños fueron afectados por el sismo.

Más de 900 socorristas, bomberos, médicos y especialistas de 20 países, entre ellos Colombia, Chile, México, Venezuela y España participan en las labores de rescate. Al menos once extranjeros figuran entre los fallecidos del terremoto, según la Fiscalía.

El sismo dejó unos 800 edificios derruidos, 600 edificaciones afectadas y numerosas carreteras reventadas e infraestructuras colapsadas en zonas turísticas, daños que Correa calculó en US$3,000 millones, "dos o tres puntos del PIB", lo cual es otro duro golpe para este país ya severamente azotado por la caída del precio del petróleo.

De los más mortíferos 

El nuevo balance de fallecidos, circunscrito a la provincia de Manabí (oeste), epicentro del sismo, hace temer que se trate de uno de los terremotos más mortíferos de los últimos años en América Latina.

La cifra de muertos solo es superada por las de los terremotos de El Salvador en 2001 (1,142), Perú en 2007 (600) y Haití (entre 200,000 y 250,000) en 2010.

En Pedernales, el estadio de futbol fue convertido en una improvisada morgue, donde se amontonan los féretros cerca de las carpas en las que se atiende a los heridos.

Allí, expertos en criminalística y de la Fiscalía, de uniforme blanco, identifican los cuerpos recuperados entre los escombros de viviendas y hoteles de la localidad de 60,000 habitantes y con un flujo de turistas que puede alcanzar los 40,000 en temporada alta.

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