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Dilma Rousseff encendió la antorcha olímpica este martes, quizá su último gran acto como presidenta de Brasil y la simbólica primera escala de un viaje que durante tres meses llevará la llama por el país hasta la apertura de los Juegos en Río de Janeiro. 

En una ceremonia pletórica de mensajes de doble lectura, Rousseff pidió paz para los brasileños y garantizó que los Juegos serán exitosos pese a la feroz crisis política que sacude al país y que la ha dejado al borde de la destitución. "Sabemos las dificultades políticas que existen en nuestro país, conocemos la inestabilidad. Brasil será capaz, incluso en un periodo muy difícil, verdaderamente crítico de nuestra historia y de la historia de la democracia, de convivir con la mejor recepción de todos los atletas y todos los visitantes extranjeros", señaló.  

"Tengo la certeza de que un país cuyo pueblo sabe luchar por sus derechos y sabe proteger su democracia es un país donde las Olimpíadas tendrán el mejor éxito", añadió. Rousseff, de 68 años fue la encargada de pasar el fuego olímpico a Fabiana Caldino, bicampeona olímpica de voley, que descendió la rampa del Palacio de Planalto para comenzar a correr con la antorcha en alto por las calles de Brasilia, rodeada por miles de personas que la alentaban. Con rituales indígenas, a bordo de una canoa hawaiana, suspendida de un helicóptero, a pie, a nado o a caballo, la llama recorrerá 329 ciudades transportada por 12,000 personas hasta llegar al mítico estadio Maracaná de Río el 5 de agosto.

Una de las 10 primeras personas en cargar la antorcha fue la refugiada siria de 12 años Hanan Daqqah, que llegó con su familia a Sao Paulo en 2015. La primera mujer en presidir Brasil podría tener que abandonar la semana próxima el Palacio de Planalto, donde se realizó la ceremonia de recepción de la llama olímpica, si el Senado la suspende para juzgarla por irregularidades en las cuentas públicas.  

Si es suspendida por hasta 180 días, como anticipan sondeos y expertos, Rousseff será impedida de ser la jefa de Estado durante los primeros Juegos Olímpicos realizados en Sudamérica, y deberá limitarse a esperar el desenlace de su juicio político en la residencia presidencial. La crisis que asfixia a Brasil podría crear la paradoja de que el país tenga dos presidentes durante los Juegos Olímpicos, uno suspendido (Rousseff) y otro en funciones (su vicepresidente Michel Temer). 

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La agonía 

 El juicio en el Senado puede alargar la agónica disputa de poder entre la mandataria y Temer, que ansía sentarse en el sillón presidencial. Rousseff acusa a su vicepresidente, jefe del PMDB, el principal partido que hasta marzo integró la coalición de Gobierno, de "traidor" y de liderar un "golpe parlamentario" en su contra.  Manifestantes a favor y en contra del impeachment aprovecharon el paso de la antorcha olímpica para protestar frente a las cámaras de televisión. "Temer golpista", "No al golpe", se leía en algunos carteles.

"Desafortunadamente no estamos aquí para celebrar esta gran fiesta", dijo uno de los manifestantes, la artista Rita Andrada, a la AFP. "Estamos pidiendo ayuda para nuestra democracia que está sangrando", añadió. Con la dinámica política en su contra y la popularidad por el suelo, Rousseff, una exguerrillera de 68 años, anticipó que luchará hasta el final. Pero el clima de fin de ciclo ya está instalado, la presidenta ha prácticamente perdido la habilidad de gobernar y, según publicó el diario Folha de Sao Paulo, ya "ordenó vaciar sus cajones".  

EE.UU: Brasil es un ejemplo de lo que puede hacer la corrupción

WASHINGTON/EFE. La secretaria de Comercio de EE.UU., Penny Pritzker, opinó ayer que la crisis política en Brasil es un ejemplo de "lo que la corrupción puede hacer a un país", y que llevará tiempo superar los efectos "desestabilizadores" que ha generado el proceso contra la presidenta brasileña, Dilma Rousseff. "Brasil es un país maravilloso (...) y estamos viendo las implicaciones de lo que la corrupción puede hacer a un país, y tan rápido, de forma desestabilizadora", dijo Pritzker durante la 46 Conferencia de las Américas que se celebra en el Departamento de Estado de EE.UU., en Washington.

"Es un país enorme, y es extremadamente importante para la región. Nuestra esperanza es que puedan superar esto, pero me parece que va a llevar tiempo", agregó la titular de Comercio en referencia a la crisis económica y al proceso para embarcar a Rousseff en un juicio político en el Senado.

Hasta ahora, el Gobierno de Barack Obama había hecho pocos comentarios sobre la crisis política en Brasil, limitándose a indicar que considera las instituciones del país lo suficientemente maduras como para abordar la crisis actual de forma democrática y de acuerdo con la Constitución brasileña.

Pritzker habló también sobre la relación con Argentina bajo el nuevo Gobierno de Mauricio Macri, y dijo que "ha avanzado mucho muy rápidamente" para "darle la vuelta a su economía".

"Tienen el potencial de desempeñar un papel de liderazgo (en el continente), particularmente en un momento en el que muchos de sus vecinos tienen muchos problemas", afirmó Pritzker.

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