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La mandataria brasileña, Dilma Rousseff, aceleró ayer la mudanza de las pertenencias personales que conservaba en el palacio presidencial, ante la previsible decisión del Senado que la puede suspender del cargo durante los próximos 180 días.

Según comprobó Efe, mientras la votación que puede instaurar el juicio político contra Rousseff avanzaba en el Senado, objetos de la mandataria, como cuadros o adornos que tenía en su despacho, fueron llevados hoy hacia el Palacio de la Alvorada, la residencia oficial en la que se atrincherará durante el eventual proceso.

También han sido instaladas unas cercas en torno a la rampa que conduce desde la acera hasta el primer piso del Palacio de Planalto, en previsión de que hoy, una vez notificada de la decisión del Senado, Rousseff abandone la sede de la Presidencia, que ocupará el vicepresidente Michel Temer, primero en la línea de sucesión.

SIMBOLOGÍA

Rousseff, junto a su jefe de Gabinete, Jaques Wagner, llegaron a asomarse a una de las ventanas del palacio y pasaron un tiempo observando esos preparativos.

La rampa cercada ahora con vallas de metal tiene una simbología importante en la política brasileña, pues es tradición que por ella suba un presidente que inicia su mandato, pero también que baje aquel que concluye su gestión.

Fuentes oficiales han dicho que en los últimos días ha habido algunas polémicas al respecto en el seno del Gobierno, ya que hay quien cree que Rousseff debería bajar por esa rampa, aunque otros sostienen que eso transmitiría una imagen de derrota y fin de mandato.

DIVISIÓN

La división en Brasil es tal que hasta la Policía asignada para evitar enfrentamientos entre los manifestantes se enfrascó en un acalorado debate sobre si era justo o no juzgar a la presidenta y si en efecto se trata de un golpe de Estado, tal como ha dicho la mandataria en incontables ocasiones.

"Dime una cosa que haya hecho, dime al menos eso", señaló un funcionario. "Hizo maniobras contables", respondió el otro.

"¿Pero cuáles?", insistió el primero. Denilson Peres, un funcionario de Salud Pública que reside en la frontera de Brasil con Uruguay, cree que la plaza modernista, tan vacía y tan custodiada, no es más que símbolo de un futuro sin retorno.

"Ya es un hecho, inevitable," afirmó. "Mañana (Dilma) no será más la presidenta de
Brasil".

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