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El presidente interino de Brasil, Michel Temer, aspira a mantenerse dos años en el poder, hasta el final del mandato de Dilma Rousseff, al frente de un "Gobierno de salvación", con un Estado "sin corrupción y eficiente", pese a que nueve de sus ministros están salpicados por el escándalo de Petrobras.

En su primer día de actividad, el presidente y sus colaboradores adelantaron ya algunas de las líneas generales de su plan de acción: ajuste, revisión de programas sociales y una reducción del papel del Estado.

Temer asumió la Presidencia de Brasil de forma interina el jueves en sustitución de Rousseff, separada de sus funciones durante 180 días para enfrentar un juicio político que podría terminar con su destitución o con su exoneración, lo que le permitiría recuperar el cargo y completar su mandato.

Pese a su condición de interinidad, Temer apuntó hoy que no podrá "hacer milagros en dos años", dando por sentado que Rousseff terminará destituida y que él se mantendrá en la Presidencia hasta el 1 de enero de 2019.

"Quiero que al dejar la Presidencia, me miren y digan por lo menos: ese sujeto arregló el país", señaló en una entrevista concedida hoy a la revista Época.

A pesar de su convicción de que concluirá el mandato que estrenó Rousseff en 2014, Temer, según sus colaboradores, ha dado orden de que la fotografía oficial de la presidenta se mantenga en las oficinas públicas hasta que se defina su condición, dentro de seis meses, al término del juicio político.

Temer, que hasta el jueves era el vicepresidente de Rousseff, encabezó hoy la primera reunión de su Gobierno, que incluye a miembros de una decena de partidos políticos.

El equipo integra también a nueve ministros salpicados por el escándalo de Petrobras, entre ellos tres investigados por el Tribunal Supremo por desvíos en la petrolera: Henrique Alves (Turismo), Geddel Vieira Lima (Secretaría de Gobierno) y Romero Jucá (Planificación).

RECORTES

Brasil, según el nuevo Gobierno, vive una situación de "emergencia" que requiere de medidas urgentes de ajuste y que, según adelantó hoy el Ejecutivo, incluiría al menos 4,000 despidos en la administración pública y auditorías en los programas sociales de los que se benefician unos 45 millones de personas.

"Tenemos que hacer un gobierno de salvación. Tenemos que mostrar que vivimos un cambio en el país", subrayó hoy Eliseu Padilha, ministro de la Presidencia, en una rueda de prensa posterior a la primera reunión del nuevo gabinete.

"Hay conciencia de que Brasil está cambiando y tiene que cambiar (...) La sociedad dejó claro que quiere fuera la corrupción y que venga la eficacia", insistió Padilha, uno de los ministros mencionados por delatores en la investigación de Petrobras.

El nuevo Gobierno se estrenó con duras críticas de organizaciones de derechos humanos y de intelectuales y artistas por la eliminación del Ministerio de Cultura y la ausencia de mujeres y de negros en el equipo.

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