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La canciller argentina Susana Malcorra, postulada por el presidente Mauricio Macri para ser la primera mujer al frente de la ONU, es una diplomática pragmática que no gusta de mirar atrás y que prometió ‘desideologizar’ la política exterior del país sudamericano.

“Soy de mirar para adelante, no hago ‘reconstruccionismo’ de la vida”, dijo en una entrevista reciente con el tono grave, pausado y sereno que los argentinos aprendieron a conocer desde que asumió como canciller del primer gobierno de centro derecha elegido en las urnas en Argentina, en noviembre pasado.

Malcorra, de 61 años, prometió emprender lo que llamó una ‘desideologización’ de Argentina en sus relaciones con el mundo.

“Creo que las ideologías existen, pero que los vínculos tienen que estar conducidos por otros ejes, por el interés que va más allá de las ideologías. Estamos abiertos a hablar con todos, sobre la base de que hay que empezar a hablar por lo que nos une y no por lo que nos separa”, dijo la actual canciller ante el Senado.

Oriunda de la ciudad de Rosario, un polo industrial y agroexportador a 300 kilómetros al norte de Buenos Aires, la canciller fue una de las primeras mujeres graduadas en ingeniería electrónica en la estatal Universidad de esa ciudad, de la provincia de Santa Fe.

“Yo soy ingeniera, de formación no tengo nada formal” sobre política internacional y diplomacia, admite Malcorra, casada y madre de un hijo.

Para ella “la diplomacia es el arte de vincularse con todos” aunque pone reservas respecto a “ciertos principios básicos, como el de los derechos humanos, que puede generar una división” a la hora del diálogo.

CARISMA, UN ARMA

Cultivadora de las relaciones personales, cree que el carisma es un arma fundamental de la diplomacia a la hora de generar vínculos.

“Creo mucho en la empatía. La relación entre las personas, es lo que hace la diferencia”, sostiene.

Antes de dedicarse de lleno al mundo de la diplomacia, Malcorra se desempeñó en el ámbito privado donde ocupó cargos gerenciales en la multinacional IBM entre 1979 y 1993 y luego en Telecom Argentina hasta 2002.

Luego de la crisis social por la hecatombe financiera de 2001 en Argentina, Malcorra emprendió una carrera de 12 años en Naciones Unidas, donde ejerció como directora de Operaciones en Roma, del Programa Mundial de Alimentos de 2004 a 2008.

Después como secretaria general adjunta del Departamento de Apoyo a las Actividades en el Terreno hasta 2012 y finalmente como jefa de gabinete de Ban Ki-moon hasta finales de 2015, cuando acudió a la convocatoria de Macri para ocupar la cancillería.

De bajo perfil, cultiva un estilo alejado de toda ostentación y el mismo sello lleva a su cargo.

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