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El presidente de Ecuador, Rafael Correa, que inició este martes su último año de gobierno tras asumir el poder en 2007, anticipó que el final de su gestión será "muy duro" y dijo que la oposición de derecha pugnará por recuperar el poder.

"Hasta entregar el gobierno (el 24 de mayo de 2017) va a ser un año muy duro, muy duro en lo humano, en lo económico, en lo político, en lo internacional", expresó el mandatario durante su informe anual de labores ante el Congreso, de mayoría oficialista.

Correa, quien no será candidato en los comicios del próximo año, añadió que "los de luto (opositores) tratarán de aprovechar las dificultades económicas y la arremetida feroz de la derecha internacional para volver al poder, para llevarnos al neoliberalismo, para llevarnos al pasado".

Así, instó a los electores a rechazar a los candidatos para los comicios generales de 2017 que tengan capitales en paraísos fiscales, estimados en unos 30.000 millones de dólares.

"Propongo un pacto ético a la república: que todos rechacemos a los candidatos que tienen sus capitales en paraísos fiscales", declaró Correa, remarcando que "lo elemental para poder aspirar a cualquier dignidad popular es confiar en su propia patria".

En los dos últimos años, Correa ha debido sortear lo que llama la "tormenta perfecta" en lo económico ante el desplome de los precios internacionales del petróleo, principal producto de exportación de Ecuador, cuya economía está dolarizada desde el año 2000.

Además de la caída del precio del crudo, el país ha debido afrontar la apreciación del dólar, así como un reciente falló de una corte internacional que obliga al Estado ecuatoriano a pagar 1.000 millones de dólares a la petrolera estadounidense Oxy; el colapso de Rusia, uno de los principales mercados no petroleros; y la desaceleración de China, el mayor financista.

"Ya no estaré aquí"

"En un año más ya no estaré aquí", enfatizó Correa en el hemiciclo en momentos en que su país además hace frente a los efectos del potente terremoto de magnitud 7,8 del 16 de abril, que arrasó poblados costeros y dejó 673 muertos, nueve desaparecidos, 6.274 heridos, 28.775 damnificados y 6.998 edificaciones destruidas.

En lo político, "el país debe descansar de mí y, sinceramente, yo también debo descansar un poquito del país. No es fácil gobernar un país como Ecuador", dijo el presidente, señalando a una parte de la prensa a la que tilda de "terriblemente corrupta, deshonesta".

El jefe de Estado anunció que en lo que resta de su administración insistirá en la aprobación de proyectos de ley sobre impuestos a las herencias y a la plusvalía, que en 2015 debió retirar temporalmente del Congreso ante protestas de grupos empresariales, de clase alta y media en vísperas de la visita del papa Francisco, en julio.

Solo tres de cada mil ecuatorianos reciben algún tipo de herencia cada año y hace falta controlar la especulación del suelo, que es una de las formas más extendidas de evasión de tributos, según Correa.

"Venceremos las dificultades, saldremos fortalecidos pese al dolor de centenas de muertos, heridos, discapacitados", dijo el mandatario sobre el terremoto, que se convirtió en la mayor catástrofe en Ecuador luego del sismo de 1949 en la provincia andina de Tungurahua (sur), que dejó al menos 6.000 muertos y 100.000 damnificados.

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