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  • AFP

Los actos de campaña de Donald Trump son un show efervescente, con una multitud cautivada y dispuesta a completar cada frase. En cambio los de Hillary Clinton tienen más aire presidencial, con una letanía de propuestas exhaustivas ante un público poco entusiasta.

Para empeorar las cosas, Clinton siempre llega tarde mientras que el espectáculo de Trump suele comenzar en hora.

En la antesala de una nueva fase de la elección presidencial en Estados Unidos, la candidata demócrata padece un déficit evidente de entusiasmo.

No sólo enfrenta el fantasma latente de Bernie Sanders, de cara a las primarias de fines de junio, sino que parece también incapaz de contrarrestar los ataques republicanos contra su integridad, alimentados por el caso de los correos electrónicos que manejó desde su dirección privada cuando fue secretaria de Estado.

El contraste es marcado con respecto al fervor que despierta el multimillonario populista cuando entra en escena, mientras retumba la ensordecedora música de "Get Ready for This" (prepárate para esto), la canción de 2 Unlimited.

"¡Trump! ¡Trump!", rugen sus partidarios en un centro de convenciones cerca de Disneyland en California. "¡Construye el muro!", le gritan de forma espontánea.

"Las mujeres me aman"

Su discurso es improvisado, deshilvanado y de frases cortas. Trump promete reindustrializar Estados Unidos, aunque la propuesta por los momentos se reduce a amenazar con aranceles a las empresas que trasladen sus fábricas al extranjero.

"Las mujeres me aman" o "los hispanos me aman", suele repetir aunque las encuestas muestran lo contrario. Durante unos 60 minutos, calienta a su auditorio vendiendo su innato sentido de los negocios como antídoto a la estupidez de los políticos.

"Vamos a ganar", dice finalmente mientras recibe una ovación de pie.

Esa es la receta Trump: la de un país que no tiene nada que perder. Sus partidarios son jóvenes pero también viejos, ricos o modestos pero, eso sí, en su gran mayoría blancos, todos poniendo su esperanza en un "outsider" de la política, que asegura tener la receta secreta de la reactivación económica.

"Él tiene todo en su vida, tiene un montón de dinero, es famoso (...) así que realmente hace todo esto por nosotros, los estadounidenses", dice sonriente Joe, un estudiante de 25 años.

No lejos de allí en un campus afuera de Los Angeles, en el coliseo donde se espera a Hillary Clinton, la impaciencia retumba. Mientras suena una lista de éxitos musicales (Katy Perry, Jennifer López...) que parece interminable, el público suspira profundamente cuando una séptima persona toma el micrófono.

Hillary llega tres cuartos de hora más tarde. "Deberíamos haber escogido un lugar más grande", dice en la presentación ante 1.200 personas, y lamenta que mucha gente se haya quedado por fuera.

Sin embargo, su equipo ha elegido bien este gimnasio universitario, no demasiado grande. Sólo Bernie Sanders logra reunir multitudes comparables a las de Trump.

"Peligro público"

Clinton se presenta como una mujer de Estado con ideas serias, mientras advierte que Trump no está preparado para dirigir el país y lo califica de "peligro público".

Sin embargo, lo exhaustivo de sus propuestas ayuda poco a que su presentación sea más cautivante.

"Es un trabajo solitario, el más difícil en el planeta", señala y no promete una gran revolución sino la continuidad de los logros de la era Obama: aumento en el salario mínimo, mejor infraestructura, atención a los derechos de la mujer, control del porte de armas y protección para los inmigrantes.

"Voy a luchar por ustedes todos los días", termina después de 25 minutos. Sus argumentos atraen a la mayoría de los demócratas, y sus seguidores invariablemente expresan admiración por su carrera, sus habilidades, su carácter y su experiencia.

"Es positivo que haya estado en la política desde hace tanto tiempo", dice Philip Falcone, de 18 años. El desafío para Clinton es consolidar la unidad demócrata y persuadir a votantes del centro.

Con su ventaja entre las mujeres y las minorías negra e hispana, el triunfo no debería escapársele de las manos. Pero su imagen se deteriora: casi dos tercios de los estadounidenses creen que no es honesta, lo mismo que Trump.

Al tiempo que desaparece su ventaja en las encuestas surge la pregunta: ¿Qué pasará si la ola de entusiasmo por Trump continúa hasta noviembre?

Los seguidores de Bernie Sanders, algunos de los cuales protestaron en la manifestación de Riverside, expresan sus dudas sobre la integridad de Clinton.

"Hillary es bastante fuerte, no va a rendirse", responde Chiraag de Dave, un estudiante de ingeniería electrónica de 19 años, aunque admite haber leído "artículos sobre las aguas turbulentas en las que ella ha navegado junto con (los banqueros de) Wall Street".

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