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  • AFP

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, fungirá de negociador de paz el jueves, cuando reciba al derrotado y rebelde aliado partidario Bernie Sanders en la Casa Blanca.

El senador por Vermont se niega a reconocer la victoria de Hillary Clinton en las primarias, reavivando el fantasma de un partido dividido en momentos en que se prepara para derrotar al virtual candidato republicano, Donald Trump, en las elecciones presidenciales de noviembre.

Sanders instó a sus desafiantes partidarios a "continuar la lucha", incluso a pesar de las derrotas sufridas ante Clinton en las primarias del martes en California y Nueva Jersey, los principales premios de la jornada.

Se espera que Obama camine con cuidado, "escuchando lo que Sanders tenga que decir" -según una fuente demócrata cercana a la preparación del encuentro en la Casa Blanca- y ofreciéndole una muestra pública de respeto por su insurgente campaña.

Es poco probable que en el encuentro haya férreas exigencias para que Sanders encare la realidad política y abandone la carrera.

"Creo que hay un reconocimiento de que esto es emocionalmente muy desafiante", dijo la fuente demócrata, que pidió el anonimato.

"Sanders invirtió toda su energía en esto, hay una presión enorme. Es como una batalla, que toma un tiempo para cambiar su curso", agregó.

Sanders y Obama han hablado en muchas ocasiones a lo largo de la campaña, y se considera que tienen un buen entendimiento.

El apoyo de Obama a Clinton, su ex secretaria de Estado, siempre se vio claro, pero de momento no ha hecho ningún pronunciamiento público al respecto.

El presidente saliente ha elogiado a Sanders por haber "energizado a millones de estadounidenses a través de su compromiso con cuestiones como la lucha contra la desigualdad económica y la influencia de los intereses particulares en política".

Mucho en juego

Hay mucho en juego, pues ahora las decisiones tendrán un impacto en las posibilidades de Clinton de llegar a la Casa Blanca.

Sanders obtuvo 12 millones de los 27 millones de votos de la elección primaria, y apaciguó la ira entre los jóvenes votantes que fueron clave en las victorias de Obama en 2008 y 2012.

El riesgo para Clinton es que Sanders se sienta apartado y continúe con su insurgencia.

"Clinton se encuentra en una situación delicada que no podría haber imaginado hace un año", dijo Larry Sabato, quien encabeza el Centro de Política de la Universidad de Virginia.

"Debilitada por el daño auto-infligido por la polémica de su correo (personal, que usó para mensajes clasificados) y su incapacidad para generar entusiasmo en amplios grupos demócratas, Clinton se ha visto obligada a dedicar un preciado tiempo, dinero y energía a combatir a Sanders", agregó.

A algunos simpatizantes de Sanders, de hecho, les gustaría que él luchara hasta la convención partidaria, el mes que viene en Filadelfia.

Para el núcleo duro de los militantes pro-Sanders, Clinton -exsecretaria de Estado, exprimera dama y exsenadora-, es el paradigma del establishment político que falló al pueblo.

Y sus partidarios más pragmáticos lo presionan para que use su recién descubierto potencial político.

Él aún puede influir en la plataforma partidaria y en el próximo proceso de nominación, en 2020.

El actor Mark Ruffalo, un incondicional de Sanders, replicó ese sentimiento al felicitar a Clinton por su "victoria histórica" el martes.

"Mi familia Sanders, ¡sigamos impulsando nuestros valores progresistas!", tuiteó.

Todas las miradas estarán puestas en el mensaje de Sanders en el acto que celebrará en Washington, también el jueves.

Si no da una señal de unidad, todo apunta a que la próxima discusión con Obama será menos amable de lo previsto.

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