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Con las primarias en el retrovisor, la demócrata Hillary Clinton y el republicano Donald Trump se disponen a apretar el acelerador hasta llegar a la Casa Blanca, en lo que se anticipa como una violenta carrera entre dos figuras más odiadas que queridas.

Ex primera dama, exsenadora y ex jefa de la diplomacia estadounidense, Clinton reivindicó su triunfo en el largo proceso de primarias demócratas frente al senador Bernie Sanders.

Con una nueva serie de victorias el martes, Clinton, de 68 años, acumula suficientes delegados para asegurar la investidura del partido en la convención a finales de julio en Filadelfia.

Su victoria en California, el premio gordo de los seis estados en liza, tuvo un carácter emblemático y le permitirá llegar a Filadelfia con más fuerza y serenidad, desalentando a Sanders de seguir en la carrera.

Clinton ofreció una rama de olivo a Sanders, a quien felicitó por una "extraordinaria campaña".

Pero el senador por Vermont prometió llevar su "revolución política" hasta la última votación interna, el próximo martes en Washington, anunciando que seguirá "luchando por cada voto y cada delegado que podamos".

El presidente Barack Obama, que hasta ahora se había mantenido a raya de la disputa interna demócrata, podría jugar al árbitro, con un encuentro previsto el jueves con Sanders en la Casa Blanca.

Es un secreto a voces en Washington que el mandatario piensa respaldar a Clinton, quien se ha asumido como su heredera en la campaña, y luce impaciente con cerrar de una vez la disputa interna.

No es otra elección cualquiera

El triunfo de Clinton marcó su reivindicación política exactamente ocho años después de ceder la nominación presidencial al entonces senador Barack Obama y 16 años después que abandonar la Casa Blanca.

La candidata abrazó su rol de pionera -primera mujer candidata presidencial por uno de los partidos importantes estadounidenses-, inscribiendo su triunfo en la herencia de los movimientos a favor de los derechos de la mujer y las minorías.

"La victoria de esta noche no es de una sola persona, pertenece a una generación de hombres y mujeres que han luchado, se han sacrificado y han hecho posible este momento", dijo ante una multitud de fervientes seguidores en su feudo en Nueva York.

La carrera que comienza es inédita, en tanto enfrenta a una mujer con décadas de experiencia política con un neófito hombre de negocios. Pero además como nunca antes en la historia reciente dos figuras que generan tanta polarización irán al asalto de la Casa Blanca.

En ese concurso de impopularidad, Clinton dibuja a Trump como un hombre impulsivo y divisivo.

"Esta elección no es sobre las mismas viejas peleas entre demócratas y republicanos", dijo la candidata. "Esta elección es diferente. Realmente es sobre quiénes somos como nación", afirmó.

La candidata demócrata tiene su talón de Aquiles: la investigación del FBI sobre su uso de un servidor privado de correos electrónicos cuando era secretaria de Estado (2009-2013) y el financiamiento de figuras extranjeras de la fundación fundada por su esposo Bill.

"Los Clinton han convertido el enriquecimiento personal en un arte", afirmó Trump el martes.

De polémica en polémica

La preferencia de Trump por los ataques personales por encima del debate de ideas presagia un violento choque.

"Clinton tiene un profundo conocimiento de los temas y un programa detallado, pero como Trump no los tiene, nadie se interesa en las diferencias. Y como los dos candidatos suscitan más desconfianza que confianza, más rechazo que atracción, debemos esperar una nivelación hacia abajo", predice Norman Ornstein, politólogo del American Enterprise Institute, a la AFP.

Clinton deberá enfocarse en explotar las polémicas desatadas por Trump para movilizar a su base: hispanos, negros, jóvenes y mujeres.

"Nadie puede 'trumpear' a Trump", señala Tim Miller, antiguo jefe de comunicaciones de Jeb Bush, aniquilado por el magnate en las primarias.

"Necesita a Donald Trump como contraste para motivar a su base", dice a la AFP.

Clinton ganó admiradores la semana pasada tras un discurso en San Diego por su ácida crítica a Trump, acusando sus políticas de "peligrosamente incoherentes" y afirmando que no es apto para gobernar el país.

El secretario de Estado, John Kerry, cuyo intento de destronar a George W. Bush en 2004 terminó en derrota, extendió sus felicitaciones a Clinton el miércoles, diciendo que "será una tremenda presidente" y admirando su triunfo como un "momento verdaderamente histórico".

Por ahora, los sondeos colocan a Clinton al frente con 44% de las intenciones de voto de los estadounidenses, frente a 42% para Trump.

"Si Hillary Clinton sigue haciendo campaña como lo ha hecho la última semana en San Diego, creo que Trump está frito", dijo a la AFP Howard Dean, antiguo aspirante presidencial demócrata.

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