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La Policía de Amarillo, en el norte de Texas, abatió ayer a un hombre armado que había tomado rehenes en un almacén de una cadena de supermercados de esa ciudad estadounidense.

"El sospechoso fue abatido por el equipo SWAT de la Policía de Amarillo y parece estar muerto. Los rehenes están a salvo", informó la institución en un breve comunicado sin más detalles.

El sujeto se había atrincherado durante unas dos horas en lo que las autoridades llamaron un aparente "incidente laboral de tipo violento".

Pese a que aparentemente habría disparado su arma en el momento de la toma de rehenes, ninguno resultó herido o muerto, según los reportes policiales.

La toma de rehenes generó alarma en una sociedad conmocionada por la matanza hace apenas dos días de 49 personas en la discoteca Pulse de Orlando (Florida), el mayor tiroteo de la historia de Estados Unidos y el mayor ataque terrorista desde los atentados del 11 de septiembre de 2001 en este país.

Debate

El presidente de EE.UU., Barack Obama, afirmó ayer que "ser duro" en la lucha contra el terrorismo, como le reclama el virtual candidato republicano a la Casa Blanca, Donald Trump, implica, entre otras cosas, dejar que sea fácil para los terroristas comprar armas de asalto.

"Basta de hablar de ser duro contra el terrorismo", afirmó Obama, visiblemente enojado, en un discurso desde el Departamento del Tesoro, tras reunirse con su Consejo de Seguridad Nacional para revisar la estrategia contra el grupo yihadista Estado Islámico (EI) tras la matanza de Orlando.

Ser realmente duro conlleva "dejar de hacer lo más fácil posible para los terroristas comprar armas de asalto", detalló el mandatario.

Por ello, el presidente abogó de nuevo por "restablecer la prohibición" de la venta de armas de asalto y dijo que, de lo contrario, matanzas como la ocurrida el domingo en una discoteca de Orlando (Florida) "van a seguir sucediendo". "Tenemos que hacer que sea más difícil para los que quieren matar a estadounidenses, tener en sus manos armas de guerra que les permiten asesinar a docenas de inocentes", insistió el presidente.

El presunto autor de la masacre en la discoteca Pulse de Orlando, frecuentada por homosexuales, es Omar Seddique Mateen, un estadounidense de 29 años de origen afgano que iba armado con un fusil de asalto y una pistola. Mateen asesinó a 49 personas y dejó heridas a más de medio centenar, de las que 27 seguían hoy hospitalizadas.

Este lunes, el portavoz de la Casa Blanca, Josh Earnest, admitió que Obama está cada vez más "frustrado" con el Congreso por la ausencia de medidas legislativas "de sentido común" para controlar la venta y posesión de armas de fuego.  Tras la matanza en Orlando, Obama ha vuelto a insistir en la necesidad de endurecer las leyes para el control de las armas de fuego y ha alertado al Congreso de que "no hacer nada" al respecto "es también una decisión".

Mateen había sido investigado por el FBI pero, al no contar con historial delictivo, pudo comprar de manera legal las armas con las que llevó a cabo el tiroteo, el más mortal en la historia reciente del país.

Armas vs. alimentos 

Por su parte el papa Francisco clamó ayer contra la "paradoja" de la existencia de obstáculos tanto económicos como políticos en las ayudas para luchar contra el hambre mientras que las armas circulan libremente.

Esta fue la dura crítica que lanzó el pontífice en su primera visita a la sede en Roma del Programa Mundial de Alimentos (PMA), organismo de Naciones Unidas que se encarga de distribuir la ayuda alimentaria.

Francisco llegó a las 09.05 hora italiana a la sede de la PMA a las afueras de Roma y visitó las instalaciones y saludó a los funcionaros y sus familias, acompañado por la directora de la agencia, Ertharin Cousin, la embajadora en Guatemala y presidenta de la Junta Ejecutiva del organismo, Stephanie Hochstetter Skinner-Klée, y por el observador permanente del Vaticano en esta sede, el español Fernando Chica Arellano.

En su discurso ante los Estados que conforman la Junta Ejecutiva del PMA, Francisco hizo notar el "extraño y paradójico fenómeno" de que mientras "las ayudas y los planes de desarrollo se ven obstaculizados por intrincadas e incomprensibles decisiones políticas, por sesgadas visiones ideológicas o por infranqueables barreras aduaneras, las armas no". "No importa de dónde provengan, circulan con una libertad jactanciosa y casi absoluta en tantas partes del mundo", aseveró.

Y afirmó entonces, que "de este modo, son las guerras las que se nutren y no las personas. En algunos casos el mismo hambre se utiliza como arma de guerra".

"Las poblaciones más débiles no solo sufren los conflictos bélicos sino que, a su vez, ven frenados todo tipo de ayuda. Por esto urge desburocratizar todo aquello que impide que los planes de ayuda humanitaria cumplan sus objetivos. En eso ustedes tienen un papel fundamental", indicó.

En otra de las partes de su discurso, Francisco lamentó cómo "la excesiva información con la que contamos va generando paulatinamente la "naturalización" de la miseria", y que esto hace que "poco a poco, nos volvemos inmunes a las tragedias ajenas y las evaluamos como algo "natural".

CIDH se suma

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) instó este martes a Estados Unidos a reforzar los controles de acceso a las armas para frenar la violencia y pidió superar los prejuicios contra los homosexuales tras la masacre en un club gay que causó 49 muertes.

La Comisión, un órgano autónomo de la Organización de Estados Americanos (OEA), llamó al gobierno federal y a los estados a "adoptar medidas legislativas urgentes para reducir la violencia relacionada con las armas".

"Los factores que conducen a ambientes violentos incluyen el fácil acceso a armas de fuego y el gran número de armas en manos de particulares", dijo la CIDH en un comunicado, exhortando a las autoridades de Estados Unidos a fortalecer la verificación de antecedentes y exámenes sicológicos antes de vender un arma de fuego, y restringir el acceso a armamento de asalto.

La CIDH también instó a "superar el prejuicio y la discriminación prevalentes" en Estados Unidos "contra las personas lesbianas, gay, bisexuales y trans (LGBT)", incluyendo combatir los "estereotipos sociales y culturales contra" ese grupo.

Armado con un rifle de asalto y una pistola, Omar Mateen, un estadounidense de origen afgano presuntamente "radicalizado" con propaganda islamista irrumpió la madrugada del domingo en el club gay Pulse de Orlando (Florida, sureste) y mató a 49 personas, en su mayoría de origen latino. El peor atentado en Estados Unidos desde el 11 de septiembre de 2001, puso de relieve las amenazas del terrorismo yihadista, al tiempo que reactivó el debate sobre la regulación de armas, un tema ultrasensible en la sociedad estadounidense. Según la Comisión, las armas como el rifle tipo AR-15, usado por el atacante de Orlando, deben estar reservadas "solo para las fuerzas estatales dada su naturaleza letal".

Pero el atentado también es considerado como un ataque frontal contra la comunidad homosexual.

Para la CIDH, la violencia contra la comunidad LGBT es un "fenómeno social" y es usada "para sancionar y denigrar" a personas que se ubican fuera de los cánones de sexualidad convencionales. "Además, esta violencia tiene un impacto simbólico, ya que envía un mensaje de terror a toda la comunidad de personas LGBT", indicó.

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