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Frustrados, un grupo de diplomáticos estadounidenses está en pelea abierta con la política exterior del presidente Barack Obama en Siria, aunque es poco probable que se produzca un cambio radical en lo que queda de su mandato.

En Siria, más de 280,000 personas han muerto y millones han tenido que huir de sus hogares bajo los incesables bombardeos, muertes, violaciones y torturas que han arrasado a grandes zonas del país. Las pocas veces que la ayuda humanitaria logra llegar hasta la población civil de las ciudades asediadas, el régimen de Bashar al Asad no tarda en responder con bombardeos de "castigo".  

"Las acciones del régimen de Asad son contrarias a todas las definiciones de decencia humana", comentó un funcionario estadounidense.  Hay señales ominosas de que el régimen intenta suprimir la producción de alimentos. A pesar de todo esto, el gobierno de Obama ha insistido que solo Asad y sus aliados Rusia e Irán pueden poner fin al caos.  Pero en los círculos diplomáticos, funcionarios admiten en privado que su incapacidad durante cinco años de evitar las tragedias les afectan la conciencia. 

En una circular que fue filtrada deliberadamente, 51 diplomáticos estadounidenses expresan su descontento e instan a Obama a lanzar ataques aéreos contra el régimen de Asad, para forzarlo a participar seriamente en las negociaciones de paz. 

Sin visos de cambios

La Casa Blanca no tardó en aclarar que no está dispuesta a un cambio tan radical de su política.  "El presidente siempre ha aclarado que no ve una solución militar a la crisis en Siria y esa sigue siendo su posición", respondió Jennifer Friedman, portavoz de la Casa Blanca. Tras el fracaso de la guerra de Estados Unidos en Irak, la Casa Blanca se comprometió a no pretender resolver todos los problemas del mundo militarmente. 

  • 280 mil personas han muerto en el conflicto militar en Siria y millones dejaron sus hogares para huir del conflicto.

Obama ha intentado evitar enredos en el Medio Oriente, pero ha declarado que el interés de Estados Unidos en Siria es participar en la lucha para desmantelar al grupo Estado Islámico. Estas dos metas contradictorias han dejado al secretario de Estado, John Kerry, con la tarea poco envidiable —y probablemente imposible— de negociar un fin a la crisis con muy pocos medios de presión. Las reservas de Obama generan muy pocos incentivos para negociar para Moscú y Damasco, que tienen una ventaja en el terreno.  

Política "vana y hueca"

Durante los últimos años ha crecido la frustración en los círculos diplomáticos sobre lo que se estima ser una misión imposible. En 2012, Frederic Hof, exasesor del gobierno de Obama sobre asuntos en Siria, renunció a su cargo en protesta.  Según él, la política de Obama en Siria era "moralmente vana y políticamente hueca". "Deja cruel y gratuitamente a civiles inocentes a la merced de un asesino en masa", afirmó. El régimen de Asad y su aliada Rusia no toman con seriedad el cese de hostilidades que Kerry contribuyó a negociar.  Y, según los críticos, cada vez es más difícil notar la diferencia entre un alto el fuego imperfecto y la falta de uno. Los esfuerzos de Kerry para hacer que Rusia convenza a Asad de renunciar al poder también han fracasado. Mientras tanto los esfuerzos de la CIA y el Pentágono de mantener viva la oposición siria vacilan. Los bombardeos aéreos rusos a grupos moderados en Siria no han sido respondidos por Washington, lo cual ha resultado en que aliados de Estados Unidos busquen protección de parte de grupos rebeldes más grandes y mejor armados, incluyendo a aquellos relacionados con Al Qaeda. 

Al filtrar el circular durante el año electoral en Estados Unidos, los diplomáticos esperan poder influenciar a Obama o encontrar otros aliados en Washington, como la aspirante demócrata a la Casa Blanca y exsecretaria de Estado Hillary Clinton.

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