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  • EFE

A Pablo Iglesias, líder de la coalición de izquierdas Unión Podemos, le hemos visto ya tantas facetas que se hace difícil encasillarle en alguna y no es descartable que le veamos otras nuevas después del golpe que ha supuesto el resultado del 26J, muy lejos tanto del "sorpasso" al PSOE como de ganar al PP.

Lo último que nos hizo pensar es que quería ser "el Salvador Allende de la política española" y aplicar desde la Presidencia del Gobierno un programa de corte socialdemócrata.

Como buen profesor de Ciencia Política y doctor con una tesis sobre los movimientos anti-globalización de desobediencia civil, Pablo Iglesias Turrión (Madrid, 1978), nos ha explicado que, en realidad, los autores de 'El manifiesto comunista', Karl Marx y Friedrich Engels, eran socialistas.

Justo el espacio que ambicionaba ocupar con Unidos Podemos sustituyendo a la "vieja socialdemocracia" por otra nueva, que de momento no ha llegado.

Se siente muy orgulloso de haber sido un joven comunista, dio sus primeros pasos en la política en la Unión de Juventudes Comunistas de España (UJCE), en la que militó desde la adolescencia hasta los 21 años; pero "como candidato a la Presidencia", se definió como "socialista como Allende". "Nos hacemos mayores", justificaba.

En ese viaje del joven comunista al maduro socialdemócrata, Iglesias ha ido abandonando la agresividad que le reprochaban al tiempo que se defiende de quienes le califican de extremista, radical, populista o antisistema y reivindica a su partido como el de "la ley y el orden".

Lo que puede sorprender es que Iglesias no imaginara que al confesar sus ambiciones iba otra vez a romper puentes con un PSOE temeroso de que Podemos le arrebate su espacio, en lugar de cerrar heridas si, como asegura, pretende gobernar con los socialistas.

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Una disposición que Unidos Podemos no ha parado de reiterar tendiendo la mano al PSOE, para acabar sentenciando que "allá ellos" si prefieren hacerse el 'harakiri' dándole el Gobierno al PP.

Quizá Iglesias se sienta más cómodo vestido con el traje de la socialdemocracia.

O quizá haya quien piense que era sólo una pose después de escucharle en su último mitin gritar su orgullo de ser heredero de las luchas sociales y de haber reunido a la izquierda histórica, la "izquierda de toda la vida", con mención expresa por primera vez en campaña al Partido Comunista.

Un guiño a esa izquierda a la que hace sólo un año despreciaba con un portazo a IU, con quien no quiso concurrir a las elecciones del 20 de diciembre, y a la que meses después ha recibido con sus banderas rojas, sus hoces y sus martillos en Unidos Podemos, sin que eso haya supuesto mejorar sus resultados.

Iglesias adereza sus discursos con tal simbolismo histórico y político que abruma. Lo mismo se declara orgulloso de militares progresistas como Riego y Torrijos que se arranca a recitar a Machado, a Miguel Hernández y Rafael Alberti o recuerda a La Pasionaria.

Lo mismo habla para iniciados cuando recurre a la expresión "siglo corto" del historiador marxista británico Eric Hobsbawm, quien enmarcó así el periodo entre la Primera Guerra Mundial y la disolución de la Unión Soviética, que recurre al componente emocional recuperando conceptos como el de 'patria' o pidiendo que el 15M se declare fiesta nacional.

Lo cierto es que para querer huir de etiquetas su imaginario está plagado de ellas, y sabe tocar las teclas de aquellos que le escuchan y elegir el registro que mejor vaya a recibir su audiencia en cada momento, y no sólo en los platós de televisión que visita tan a menudo.

Lo mismo en Cataluña y el País Vasco airea su defensa del derecho a decidir de las 'naciones' del Estado, sin nombrar a España, que proclama en Madrid que se siente orgulloso de "de decir España".

"La historia es nuestra y la hacen los pueblos", fueron las palabras que el presidente chileno Salvador Allende pronunció en su último discurso el 11 de septiembre de 1973 desde La Casa de La Moneda antes del bombardeo que inició el golpe de Estado del general Augusto Pinochet y que le costó la vida.

Iglesias recuperaba esa cita en su cierre de campaña sacudiendo una vez más las emociones de su electorado.

Puede que finalmente tantas ideas juntas no hayan sido entendidas por el electorado que llegaba decepcionado por la incapacidad de los partidos para formar gobierno al 26J.

En cualquier caso, a partir de mañana, el líder de Podemos tendrá la oportunidad y el privilegio de volver a escribir la historia en España, y despejar dudas o temores de quienes hoy todavía los tienen.

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