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Más de 400 personas han muerto en atentados coincidiendo con la celebración del ramadán, el mes sagrado musulmán que comenzó el pasado 6 de junio y que se ha convertido en uno de los más sangrientos de los últimos años.

En medio de un clima de violencia y de atentados terroristas, los musulmanes de Oriente Medio concluyeron ayer el mes sagrado con la celebración del Aid al Fitr (fiesta de la ruptura del ayuno), en la cual es tradición hacer regalos y consumir dulces típicos.

En Irak, cuya capital, Bagdad, sufrió el pasado domingo un atentado suicida que dejó al menos 180 muertos y 230 heridos, las autoridades pusieron en marcha un dispositivo de seguridad especial, con el despliegue de policías y militares en calles, plazas y lugares públicos y de recreo, adonde las familias acostumbran a acudir estos días festivos.

A pesar de la violencia, los iraquíes celebraron el Aid al Fitr y las amas de casa hornearon los "kaliya", dulces hechos con pasta de sésamo, azúcar, manteca y aceite.

En el primer día del Aid, los parientes se reúnen alrededor de la mesa para el tradicional banquete, que tiene lugar generalmente en la casa del miembro más anciano de la familia.

En Arabia Saudí, donde el lunes se registraron tres atentados, uno de ellos contra la mezquita del profeta Mahoma en la ciudad de Medina, que causó cuatro muertos, está previsto un gran número de eventos festivos y lúdicos para el Aid al Fitr.

La gobernación de Riad, capital del reino, organizará un total de 200 actividades, entre ellas obras teatrales, espectáculos pirotécnicos, exposiciones culturales y de artesanía, y establecerá puestos con comida típica en las calles de la ciudad.

  • El clima de violencia que se vive en Oriente Medio, especialmente en la vecina Siria, hace que muchos jordanos no quieran celebrar el Aid al Fitr con la alegría y los festejos de antaño.

Las autoridades saudíes no han anunciado la adopción de medidas de seguridad excepcionales, a pesar de los ataques que golpearon las localidades de Yeda (oeste) y de Qatif (este), en los que no hubo víctimas mortales, además del que tuvo como blanco la ciudad de Medina, el segundo lugar más sagrado para los musulmanes tras La Meca.

En Jordania también es costumbre que las familias salgan a pasear, a los restaurantes y lugares públicos de ocio, y que compren regalos y las típicas pastas rellenas de dátiles y frutos secos, además de dar un donativo a los más pobres.

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