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  • EFE

Donald Trump esperó hasta este fin de semana para presentar a su compañero de fórmula, el gobernador de Indiana, Mike Pence, y tras la expectación generada solo alcanzó a leer algunas líneas de halago y articular una forzada palmadita en la espalda.

La elección del tema de los Rolling Stones "You can't always get what you want" (No puedes conseguir siempre lo que quieres) para presentar a Pence como candidato a vicepresidente en la Trump Tower de Nueva York no parece que fuera una elección casual, a juzgar por la actitud y las palabras de Trump.

"Si soy honesto lo elegí por la unidad del partido", confesó.


Sin el ímpetu que le caracteriza cuando habla del muro que promete construir en la frontera con México o de su rival demócrata Hillary Clinton, Trump repitió varias veces como si repasara las cuentas del rosario: "Pence era mi primera opción".

La negociaciones con la cúpula del Partido Republicano llevaron a Trump a aceptar a Pence, pese a que este conservador en asuntos sociales y liberal en temas comerciales, representa básicamente lo contrario a las ideas más repetidas por el magnate neoyorquino.

Tanto en el Congreso como desde el Gobierno de Indiana, Pence apoyó acuerdos de libre comercio, incluido el Tratado de Cooperación Transpacífico (TPP), mientras que desde Indianápolis impulsó polémicas leyes, como la que permitía a negocios discriminar contra los homosexuales.

En el evento del sábado, Trump no pudo ocultar su incomodidad por compartir plano de cámara con el gobernador, durante años una de las figuras conservadoras en alza, hasta el punto de abandonarlo y dejarlo solo en el atril de la presentación, rompiendo con una de las normas básicas del marketing político de EE.UU.

Trump ni siquiera se molestó en servir a los fotógrafos la típica instantánea del apretón de manos de ambos con pose victoriosa o deshacerse en abrazos con la familia del que debe ser uno de sus confidentes más cercano y segundo hombre fuerte del país.

"Bueno volvamos a Mike Pence", se recordaba en voz alta Trump para acto seguido volver a hablar de sí mismo, de sus logros o de negocios, como el "maravilloso" hotel que su empresa construye a pocas calles de la Casa Blanca.

Cuando las primarias se encontraron en la encrucijada de Indiana, Pence dio su apoyo al senador Ted Cruz, lo cual demuestra que la elección del gobernador, bien asentado entre la élite conservadora, fue más cuestión de estrategia y conciliación de cara a la Convención de Cleveland que de satisfacer el lado salvaje de Trump.

Y es que aún restan cinco meses de campaña y si la química que han demostrado hasta el momento el dúo Trump-Pence se mantiene, en la campaña seguro habrá roces con la difícilmente maleable personalidad del empresario y hombre del espectáculo.



Según fuentes consultadas por Time Magazine, el mediador decisivo para acercar a Trump a los deseos de la cúpula republicana ha sido Jared Kushner, marido de Ivanka -hija del candidato- un judío ortodoxo que se ha convertido en puente con el poderoso donante de Las Vegas Sheldon Adelson.

En una entrevista en el programa "60 Minutes" le recordaron a Pence que labró su carrera política bajo el estandarte del mensaje político positivo -incluso llegó a escribir un ensayo sobre ello- y ahora hace migas con Trump, criticado por ofender a rivales políticos, mexicanos, hispanos o mujeres.

"Creo que la campaña de Trump se ha centrado en discutir temas. Temas que interesan a los estadounidenses", aseguró Pence, que solo pudo zafarse de la insistencia de la entrevistadora cuando Trump intervino.

"Mira, somos diferentes. Eso lo entiendo", espetó Trump en una habitación de estilo versallesco en su residencia neoyorquina, zanjando definitivamente el asunto.

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