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Un centro de discapacitados psíquicos al oeste de Tokio fue escenario ayer de la mayor matanza cometida en Japón desde 1945, a manos supuestamente de un extrabajador del lugar que causó la muerte a 19 internos y heridas a otros 26. Japón amaneció conmocionado por la tragedia mientras afloraban detalles sobre las motivaciones del sospechoso, quien antes del ataque se manifestó partidario de practicar la eutanasia a los discapacitados y estuvo internado en un centro psiquiátrico al ser considerado "peligroso".

El presunto autor, Satoshi Uematsu, irrumpió de madrugada en el centro de discapacitados psíquicos Tsukui Yamayuri, ubicado en la localidad de Sagamihara (prefectura de Kanagawa, a unos 50 kilómetros al oeste de Tokio), y atacó con armas blancas a sus ocupantes.

Uematsu terminó con la vida de al menos 19 personas e hirió a otras 26, de las cuales cuatro se encuentran en coma, y a continuación se entregó en una comisaría de policía cercana, llevando consigo una bolsa con tres cuchillos ensangrentados.

"Quiero a las personas con discapacidad fuera de este mundo", dijo el sospechoso, que se encuentra detenido, según señalaron fuentes policiales a los medios nipones.

Las víctimas mortales son diez mujeres y nueve hombres con edades comprendidas entre los 19 a 70 años.

Uematsu trabajó en la residencia desde finales de 2012 hasta el pasado febrero, cuando abandonó su puesto mientras estaba siendo objeto de una investigación policial que terminó con su internamiento en un centro psiquiátrico.

El motivo de las pesquisas fue que el presunto autor de los hechos había intentado entregar una carta a un diputado de Kanagawa en la que mostraba su intención de "matar a 470 discapacitados por el bien de Japón", informaron las autoridades locales. "Las vidas de las personas con discapacidad múltiple son extremadamente difíciles y por eso mi objetivo es lograr un mundo en el que estas personas puedan recibir la eutanasia con el consentimiento de un tutor", señalaba Uematsu en su misiva manuscrita y fechada el 14 de febrero.

Un peligro suelto

Los especialistas médicos consideraron que Uematsu podía ser "un peligro para los demás" y decidieron internarlo, aunque doce días después fue dado de alta puesto que los psiquiatras concluyeron que su estado había mejorado.

Varios allegados del sospechoso también han afirmado que este les había expresado recientemente su intención de matar discapacitados, recogen los medios nipones. 

El Gobierno descartó la posibilidad de que el suceso estuviera vinculado al terrorismo yihadista, después de los recientes atentados de este tipo perpetrados en Francia y en Alemania, y puesto que Japón ha sido objeto de amenazas del grupo terrorista Estado Islámico.

Según fuentes policiales, el sospechoso planeó el ataque y sacó partido de su conocimiento del lugar, en el que trabajó durante tres años y medio y que además se ubica a solo 500 metros de su domicilio.

Uematsu entró en el centro tras romper el cristal de una ventana, maniató a varios de los trabajadores y cometió los ataques en algunos dormitorios de los internos, en el primer y segundo piso de este complejo de más de 30,000 metros cuadrados.

La residencia de propiedad pública y gestionada por una empresa privada, contaba con 149 internos, así como con una docena de empleados.

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