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Tras el asesinato del padre Jacques Hamel el martes en la iglesia de Saint-Etienne-du-Rouvray (Francia), el comando yihadista entabló un diálogo surrealista con las dos religiosas retenidas en el interior del templo, según informaciones del diario católico La Vie.

En un momento en que el cura de 85 yacía ya muerto y un fiel se encontraba gravemente herido, los dos atacantes, que hasta el momento habían mantenido una actitud agresiva y furiosa, cambiaron súbitamente de comportamiento. "Tuve derecho a una sonrisa del segundo", afirma la monja Huguette Péron. "No una sonrisa de triunfo, sino una sonrisa dulce, de alguien feliz", explica.

La hermana Hélène Decaux, de 83 años, y la esposa del fiel herido, de más de 80, pidieron sentarse. Uno de los asesinos aceptó. "Le pedí mi bastón y me lo dio", afirma la monja.

Después, la conversación viró hacia la temática religiosa. Uno de los hombres preguntó a la hermana Hélène si conocía el Corán. "Claro, lo respeto como respeto la Biblia. Ya he leído varias suras. Y lo que me llegó particularmente son las suras que hablan de paz", respondió la religiosa.

"La paz, eso es lo que queremos (...). Mientras haya bombas en Siria, continuaremos con los atentados. Y habrá todos los días. Cuando paréis, pararemos", contestó su interlocutor.

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"¿Tienes miedo de morir?", preguntó a continuación. Ante la respuesta negativa de la monja, el yihadista inquirió el porqué. "Creo en Dios y sé que seré feliz", respondió la hermana Hélène, que según dijo al diario católico, en ese momento se encomendó a la virgen y pensó en Christian de Chergé, el prelado del monasterio de Tibehirin (Argelia), asesinado con otros seis monjes en 1996.

Con la hermana Huguette, la conservación versó sobre Jesús. "Jesús no puede ser hombre y Dios. Sois vosotros los que os equivocáis", aseguró el asesino.

"Quizá, pero qué más da", respondió la monja. "Pensando que iba a morir, ofrecí mi vida a dios", relata.

"Visiblemente, esperaban a la policía", considera la hermana Hélène. Poco después, los dos hombres intentaron salir utilizando a las tres mujeres como escudo humano. "Pero no se pusieron totalmente detrás de nosotras. Se podría decir que caminaban hacia la muerte".

Presente en la misa cuando irrumpieron los yihadistas, una tercera religiosa, la hermana Danielle Delafosse, logró salir de la iglesia y dar la voz de alarma. 

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