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Tras caer el telón en Cleveland y Filadelfia, Trump y Clinton afrontan una intensa carrera que, marcada por la descalificación del adversario, muchos observadores vislumbran como “la más desagradable” en mucho tiempo en el país norteamericano.

“Estas elecciones pueden ser las más negativas en tiempos modernos porque los candidatos son detestados por muchos estadounidenses”, declaró a Efe el analista Geoffrey Skelley, del Centro de Políticas de la Universidad de Virginia.

Clinton y Trump tienen los peores índices de popularidad conseguidos jamás por un nominado presidencial. Con sus muchos defectos, no será difícil hacer anuncios de ataque para televisión”, agregó Skelley.

Alrededor del 60 por ciento de los estadounidenses ven con malos ojos al magnate y a la ex secretaria de Estado, según las encuestas.

Sobre el papel, el mapa electoral y demográfico parece favorecer a Clinton, dado el desprestigio de Trump en electorados clave como las mujeres, los afroamericanos y los hispanos (la principal minoría de EE.UU.), más proclives a apoyar a la ex primera dama.

CAMBIOS

Sin embargo, existe hambre de cambio por parte de la ciudadanía (una encuesta del centro de estudios Pew reveló el pasado mes que el 71 por ciento de los estadounidense está insatisfecho con la marcha del país) podría favorecer a Trump, que representa la novedad.

La suerte del multimillonario pasará por ganar en estados “bisagra” del llamado “Cinturón del Óxido”, como Ohio y Michigan, zonas antaño pujantes, ricas y muy pobladas que en las últimas décadas han sufrido el golpe de la desindustrialización.

En esos estados abunda el votante blanco de clase trabajadora que no termina de sentir en el bolsillo la mejora de la economía nacional y que, según los sondeos de intención de voto, tiene sus esperanzas puestas en Trump.

El magnate ha adelantado a Clinton en varias encuestas efectuadas tras la convención republicana en Cleveland, pese a la división en torno a su liderazgo escenificada en el cónclave con la negativa del senador Ted Cruz, su gran contrincante en las elecciones primarias del partido para elegir al nominado presidencial, a darle su apoyo.

Los demócratas también esperan que la ex primera dama reciba un impulso en los sondeos tras la convención de Filadelfia, que dejó patente una discordia interna entre los partidarios de Clinton y los seguidores del senador Bernie Sanders, su rival de primarias.

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