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El bandoneón, la tradicional milonga, Carlos Gardel, la pasión en el tango y su vínculo con las carreras de caballos componen un mural que ha trasladado el ritmo del 2x4 hasta las mismas paredes de Buenos Aires. Un homenaje producto de los aerosoles del artista argentino Alfredo Segatori.

Y el homenaje es literal, ya que la obra se alza sobre cuatro muros situados bajo dos puentes de Libertador, una de las avenidas de mayor circulación de la capital argentina.

Un particular 2x4 titulado "Por Una Cabeza", como una de las canciones clásicas del mítico y eterno Carlos Gardel en la que el compositor y cantante de tango abordó el fanatismo que generan entre los argentinos las carreras de caballos, a las que él mismo era aficionado.

"Por una cabeza de un noble potrillo que justo en la raya, afloja al llegar. Y que al regresar, parece decir: 'No olvides, hermano, vos sabés, no hay que jugar'", rezaba la letra. Esta expresión se utiliza en la jerga hípica cuando los caballos terminan las carreras al límite, de forma muy igualada, y se utiliza su propia cabeza como medida.

Las pasiones que despertaban y continúan despertando estas competiciones en el país las aborda también el muralista Segatori, más conocido como "El Pelado" (nombre con el que firma sus trabajos), al pintar a los caballos corriendo, los "apostadores" y la tribuna del público en una obra que, además, está situada al lado del hipódromo de la capital argentina.

La idea surgió como una propuesta del Gobierno de la ciudad al ver un trabajo que ya había realizado el artista en una de esas mismas paredes acerca del jinete Irineo Leguisamo y Gardel, cuyo sonriente rostro destaca también en esta última creación.

"Quisieron poner en valor el mural, institucionalizarlo", señala Segatori antes de destacar que pese a que ya había homenajeado al 2x4 en otras ocasiones, nunca se había hecho sobre cuatro paredes en simultáneo, con un hilo conductor, jugando con las perspectivas y la "poliangularidad".

Esto le ha ayudado a él a plasmar la danza popular argentina de diferentes maneras en una misma obra. Así, al muro en el que se alza la pintura de un bandoneonista entregado a su música se suma uno que refleja "la pasión" de dos bailarines jóvenes y otro que muestra la veteranía de dos personas mayores fundidas en un tierno abrazo dentro de una milonga.

La energía frente a la delicadeza. El frenesí frente al afecto. La osadía frente a la experiencia. Dos miradas muy diferentes que relatan a la perfección la evolución del tango. Y de la vida.

A sus 46 años, "El Pelado" se sube cada día con la misma energía a su inseparable furgoneta, pintada por todas partes y repleta de utensilios, detalles y curiosidades, en la que le es imposible pasar desapercibido.

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