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Los últimos testigos de la defensa de Dilma Rousseff comparecieron hasta la madrugada del domingo en el Senado brasileño en la antesala del alegato que dará la propia presidenta el lunes
en el juicio político que puede destituirla definitivamente.

El tercer día del impeachment de Rousseff, separada del poder desde mayo y acusada de adulterar las cuentas públicas para asegurar su reelección en 2014, práctica vedada por la Constitución que según sus detractores siguió tras asumir, tuvo el testimonio de una figura de su Gobierno: el exministro de Hacienda Nelson Barbosa.

"No hay cómo hablar de ilegalidades... no hay base para un crimen de responsabilidad", afirmó Barbosa tras detallar que la edición de unos decretos que le endilgan haber aprobado a Rousseff a espaldas del Congreso respetaron la Constitución.

La sesión terminó cerca de las 02:00 GMT del domingo después de la participación del último testigo, el profesor de Derecho Ricardo Lodi.

Los trabajos se reiniciarán el lunes a las 12:00 GMT en una jornada que estará marcada por la histórica presencia de la propia Rousseff ante los senadores.

Las cinco votaciones previas a la sentencia que se conocería entre el martes y el miércoles fueron favorables a condenar a la primera mujer que ocupó la presidencia de Brasil.

TEMER Y LA PAPA CALIENTE

Michel Temer asumirá esta semana la presidencia de Brasil, si como indican todos los sondeos, el Senado destituye a Rousseff. Pero no son tiempos de festejos en la mayor economía latinoamericana.

La larga lista de desafíos económicos, políticos, sociales y hasta judiciales anticipan dos años arduos de Gobierno, donde deberá oxigenar una economía en una de las peores crisis de su historia y atender a las presiones de la heterogénea base de partidos que impulsó su ascenso.

Todo, bajo la negra sombra del escándalo de corrupción en Petrobras.

A los 75 años Temer es una pieza permanente del ajedrez del poder brasileño. Pero su popularidad es magra (en torno al 13%) y llegaría al poder de forma accidentada, sin la legitimidad que dan las urnas.

Con el país rumbo a su primer bienio recesivo desde los años 30, el equipo económico de Henrique Meirelles -jefe del banco central durante las presidencias de Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010)- quiere frenar el gasto, flexibilizar el mercado laboral y reducir el costo de las jubilaciones.

Por otra parte, Temer representa el poder del "establishment" en Brasil y el Partido de los Trabajadores (PT) de Rousseff encarnaba la idea de cambio.

Ahora, el PT apuesta a un renacer de los movimientos sociales, que durante más de 13 años se beneficiaron con la amplia agenda de derechos y programas como Bolsa Familia.

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